La locura colectiva en una sociedad digitalizada
- Victoria Villar
- 22 ago 2019
- 2 Min. de lectura

La indignación toca a nuestras puertas más de una vez al mes. Trae a nosotros todo tipo de acontecimientos, desde el color de piel de un pescado hasta el incendio de la selva tropical más extensa del planeta.
Sentimos empatía e indignación a través de nuestras pantallas sin realmente poder hacer nada. Pasan las semanas, el furor es apaciguado y regresa otro evento que captará nuestro interés por completo, para así dejar en el olvido tantos otros que en un momento nos hicieron discutir (o, en el caso de los más templados, leer hilos de la problemática y ser espectador de las disputas en Facebook).
¿Para qué se hace todo eso? Muchos podrán afirmar, con una total seguridad, que se trata de mantenernos informados; que, mediante la discusión y la transmisión de diferentes posturas ideológicas, surgen las mejores soluciones… soluciones brindadas en redes sociales por inexpertos en el tema que no tienen las herramientas para enmendar un problema estructural.
Corren avalanchas de memes y se levantan las trincheras: ¿quién es el blanco hoy? Se señalan culpables que en dos semanas serán reemplazados, ¿de qué lado estas? Entretenimiento desechable.
Las generaciones Y y Z saben lo mal paradas que se encuentran en una era transitoria que no terminan de entender: ideas progresistas radicales por un lado y hogares católicos idealizados por el otro, altos índices de desempleo y una economía fatal… Ante la incertidumbre que nos brinda el futuro, en un país donde nada hay seguro, pues vale más enajenarse, seguir el espíritu del grupo en la locura colectiva, un día por fin afrontaremos aquel miedo postergado, ocultado y negado, pero hoy… ¿ya viste el conflicto que ocurrió al otro lado del mundo?
(Imagen: Alexei Kondakov)
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