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Hacer el bien… ¿realmente sabe bien?

  • Victoria Villar
  • 3 sept 2019
  • 2 Min. de lectura


Las nuevas generaciones pareciesen tener un nuevo motor que las empuja a realizar buenas acciones, se le ha presentado un nuevo contrincante al capital monetario que pelea para destronarlo como principal impulsor entre los más jóvenes.


Ante las distintas catástrofes que han ocurrido en México (recuérdese el sismo hace dos años, y recientemente la inmensa contaminación), la solidaridad no ha faltado, miles de voluntarios se han visto desde recogiendo basura hasta plantando árboles. En donde una gran mayoría son jóvenes.


¿Es aplaudible?, por supuesto; ¿es genuino? quizás.


Analicemos el fenómeno de un poco más cerca, iniciando con el sismo del 17 en CDMX, donde la respuesta fue enorme, miles de jóvenes voluntarios, muchísimos centros de acopio, y las redes sociales estaban saturadas con información, algunas veces valiosa, pero en su mayoría veíamos fabulosas fotografías que llegaban a parecer una contienda de a) quien logra ayudar más y b) quien obtiene la mejor foto que reafirme lo primero. Los videos tampoco se quedaron atrás, como aquellos donde con su selfie stick grababan de qué manera sacaban personas de los escombros con una inmensa sonrisa y un look impecable #ootd #sismo2k17 #solidaridad.


¿Es que la atención es nuestra recompensa por hacer lo que consideramos bueno? El profesor Thomas H. Davenport, en su libro “La nueva economía de la atención” habla un poco de esto. Con la digitalización estamos todo el tiempo bombardeados de información que compite entre sí, al nosotros no poder prestarle atención a todo, esta (nuestra atención) pasa a ser un recurso limitado.


Antes solía pensarse con noticias o memes, pero ¿no es esto mismo lo que se hace en redes sociales? Aquella foto o video que reciba más atención es más valiosa. Y, si para lograr viralizarme requiero sembrar árboles, aunque jamás haya hecho eso en mi vida, hoy mismo aprendo. (Mariana Rodríguez es un perfecto ejemplo).

¿Y representa esto un problema? Eso lo decidirá el lector.


Las grandes corporaciones no se han quedado atrás, y una vez que notaron la gran influencia de un hashtag mezclada con la necesidad de atención de los adolescentes y su hambre de pertenecer a un grupo, han iniciado campañas –publicitarias en su mayoría[1]– tales como #PNDJOS de Sprite o Hershey’s con “Hacer el bien sabe bien”.


Donde los adolescentes y adultos jóvenes realizan buenas obras mientras publicitan corporaciones millonarias a cambio de un tantito de atención. Quizá hemos olvidado que las magnas empresas no tienen moral, en su lugar tienen público meta.


¿Limpiamos cuerpos de agua y damos de comer al desamparado porque verdaderamente nos importa o porque queremos sentirnos importantes? Ahora, ¿quién necesita más de quién? Se ha convertido toda esta situación en la paradoja del amo y el esclavo, donde nosotros venimos a convertirnos en los esclavos de nuestras causas.


Si bien son suficientes unas pocas palabras para desenmascarar el cinismo de las corporaciones, ni para crear una humanidad consciente, es menester que cada uno aporte, desde su trinchera, lo que genuina y críticamente crea digno de ser obsequio; pues, a final de cuentas, es preferible morir en búsqueda de la vida que vivir en un mundo muerto.

“The planet isn’t going anywhere. We are.”

-George Carlin

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[1]También recordemos #icebucketchallenge que era una campaña de solarización hacia las personas que padecían esclerosis.

 
 
 

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