¿Se ha subido usted a un avión? (1/2)
- Marco Sandoval
- 23 sept 2019
- 2 Min. de lectura

Si usted ha viajado en avión es casi seguro, gracias a la histeria generada después de los atentados del 9/11, haya sentido cierto recelo a que su vuelo pudiera llegar a ser víctima de algún grupo terrorista.
También es altamente probable que, al ver un evento que aglomera masas, haya pensado o realizado bromas respecto al exterminio de ciertos grupos de la sociedad, ya sean fanáticos sociópatas de equipos de fútbol o vándalos pertenecientes a grupos de choque.
Y la estadística apunta también que usted rechazó ampliamente el gobierno de nuestro expresidente Enrique Peña Nieto, fantaseando con que pagara, y sufriera, por su aparente mala administración. Muchos mexicanos lo hicieron, hacen y seguirán haciendo. Es entendible.
Resulta que esta semana los tres párrafos anteriores adquirieron una relación cuantimás destructiva, tóxica como la llaman los pieldelgadita, con los usuarios de redes sociales.
Una usuaria de Facebook llamada Ximena García hizo una broma, de mal gusto, en la que aseguraba que si una bomba fuera lanzada a la gente que acudió al Zócalo en apoyo al actual presidente durante el grito de independencia, mejoraría la situación económica y se erradicaría la pobreza.
Esto fue la primera hebra del estambre por deshilachar en cuanto a la vileza de la que es capaz el, mal llamado por nuestro presidente, pueblo bueno.
Inmediatamente tuiteros aplaudidores del actual régimen ubicaron el trabajo y ocupación de Ximena e hicieron un llamado a lincharla y exigir fuera despedida. Al ser ella piloto se argumentó que era una terrorista en potencia, que era merecedora de los peores castigos y condenada a no interactuar más con nadie. Pronto se viralizó. Afortunadamente y haciendo caso a la razón, algunos usuarios denunciaron esto como la barbarie que es y, no conformes, desenterraron de los anales del internet tuits escritos por uno de los principales instigadores del linchamiento a Ximena. Sobra decir que estas publicaciones mostraban el mismo chiste, con diferentes actores.
Sin duda fue lamentable la actitud, bastante cobarde, que tomó este agitador cuando las circunstancias se vieron en su contra, explicando que él cambió, lo suyo era menos grave al no ser él un piloto, estuvo sobredimensionada la reacción en su contra et al. En fin, en mi pueblo les dicen pocos huevos.
¿Merece un ciudadano perder su empleo por un chiste? ¿Se debe ser correcto al bromear? ¿Es que unos si pueden hacer bromas porque son Buenos, porque apoyan al régimen más popular, porque se pertenece a una minoría?
¿La comedia tiene límites? ¿Debe tener jueces?
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