Homenaje a la memoria
- Orígenes Romero
- 23 sept 2019
- 2 Min. de lectura

"Te dolió una parte del cuerpo que no sabías que existía:
La piel de la memoria".
-Juan Villoro.-
Después de tantos sismos, en Ciudad de México pareciera que durante septiembre retiembla en sus centros la tierra por decreto constitucional. Mucho se ha escrito sobre las afectaciones de los terremotos en la colectividad chilanga, pero jamás se habla de aquellos movimientos telúricos que ocurren en lo íntimo de la individualidad.
En 1957 se cayó la Victoria Alada de su pedestal: la Victoria no supo usar sus alas. ¡oh, diosa! Tu cabeza rodó echa añicos. El colosal rostro se desprendió del cuerpo broncíneo y rodó tan lejos que terminó en el Archivo Histórico de la Ciudad de México, lugar donde se almacena la memoria. Niké, desdichada, tu memoria no te pertenece.
¿Cuántas veces no queremos, como la diosa, rompernos la cabeza con tal de olvidar? A veces pasa, deseamos que nuestras memorias sean depositadas en otro lugar. Se nos pierde el piso y caemos a un abismo oscuro donde Cronos es un desconocido. De repente tú te arrepientes de ser tú. A veces pasa. Las heridas se abren en el cielo como en la tierra: se honra la lectura de los Evangelios con la señal de la Santa Cruz en la frente, como si abriéndola salieran de allí nuestros enemigos.
¿Cuántas veces callamos por tanto tiempo que no recordamos siquiera nuestro silencio? Nos pasa. El tiempo no nos pasa, el tiempo no existe, sin embargo, solo algunos sabios son capaces de prescindir de lo inexistente, no tienen fe. Hacen como si nunca hubiera sucedido, o estuviera todo por suceder. Quién sabe, eso a mí no me ha pasado. Yo suelo arrojarme por la borda antes de que el tiempo me pase por encima, yo no soy sabio. Una cosa sí les digo, cuidado con la caída. Cuidado al arrojarse al insondable mar, depósito de la memoria.
Y es que la memoria es como la sangre, es líquida. Nos abrimos a veces la cabeza y a veces por ahí se va la memoria como se va la sangre. Se nos escapan los rostros, los dulces, momentos, sabores. A veces nos gusta arrojarnos por la borda y olvidar. Una cosa sí les digo, cuidado con la caída.
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