Recuento de los daños
- Orígenes Romero
- 30 sept 2019
- 3 Min. de lectura

Septiembre, mes de la patria, época del año en que todo se mueve.
En septiembre de 1810, México inicia su lucha por independizarse, y lo logra este mismo mes, pero de 1821.
En septiembre de 2014, 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero desaparecen.
En septiembre de 2017, la tierra se agita con violencia; las réplicas las sentimos en las entrañas y en el corazón.
Septiembre de 2019 no fue distinto, nos dejó otras experiencias: el quinto aniversario de la desaparición de los 43; el primer “Grito” del nuevo sexenio; AMLO con una playera obsequiada por los padres de los normalistas desaparecidos; Greta Thunberg; Peña Nieto y Tania Ruiz Eichelman se disfrazan para salir a cenar; ataque contra una librería bajo la premisa “leer es para burgueses”.
Vamos pues, al recuento de los daños de este año.
¡Ayotzi vive, vive! ¡la lucha sigue, sigue! Cinco años de la desaparición que marcó un hito en la historia reciente de nuestro país. 43 jóvenes -y miles- murieron y su caso no fue esclarecido. A los normalistas se les ha acusado de criminales, asaltantes y narcotraficantes; dicen que por eso los mataron, pero ¿acaso el narcotraficante más famoso de los últimos tiempos está muerto? Uno esperaría que, si estos estudiantes fueron delincuentes, se les juzgara como tal y apegado a Derecho.
Peña Nieto debería cargar con Ayotzinapa en la consciencia, si tuviera una. La consciencia es aquella que nos advierte sobre los peligros de acudir a un restaurante con disfraces estrafalarios. Peña Nieto entonces no es consciente, tiene delirios de estrella de rock: algo así sólo se había visto con Cristiano Ronaldo y Hannah Montana.
El escape de Peña resulta humillante para los damnificados de su gobierno. La marcha del 26 comprueba lo que somos capaces cuando nos sentimos humillados: de nuevo destrozamos todo, la rabia de las feministas fue igual a la rabia de estos manifestantes. Rabiosa al fin, la violencia mordió a muchos y les contagió la enfermedad, ojalá encontráramos vacuna para aliviar tanto dolor.
Un grupo de “anarquistas”, según dijeron los medios, atacó una librería. “Leer es para burgueses”, gritaban los atacantes. Me gustaría profundizar en ello: realmente la lectura es la que liberará al proletariado, el verdadero problema es que la burguesía hace creer a la clase trabajadora que los libros son parte un capital cultural perteneciente, por supuesto, al burgués.
Este engaño es imperdonable, la cultura en sí misma es accesible, tangible. Todos formamos parte de lo cultural, nadie debe impedirnos experimentar lo que de ella emana. El proletariado puede y debe leer para emanciparse, pero no sabe que producir su propia literatura es lo que lo hará libre. La lectura no te hace burgués, apropiarte de la cultura sí.
Es burgués creer que sólo desde los blancos viene la cultura, así como lo es pensar que el mensaje ambientalista de una niña sueca vale más que la lucha activista del difunto Samir Hernández o Yásnaya Aguilar Gil. No hagamos distinción racial en las luchas por un mismo derecho. La vida es para todos. No pensemos, por ejemplo, que Garza Sada es más valioso que los 43.
La 4T tiene la oportunidad histórica de equilibrar la balanza. Hasta ahora, con los 43 van bien: Encinas ha estado cerca de los padres de los desaparecidos y el presidente de la República acertó en “ponerse la camiseta” de los 43 -literalmente- al pedir a Murillo Karam que comparezca. Esperemos que AMLO no se “canse” como el exprocurador, de esto depende mucho su gobierno.
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