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El Emperador está desnudo; el Estado ha claudicado

  • Jacob Valencia
  • 21 oct 2019
  • 2 Min. de lectura

Mucho se ha dicho en los últimos meses sobre la solidez o endeblez del Estado mexicano; observando un desempeño penoso e intolerable en las secretarías más importantes; se tiene una Secretaría de Salud que tolera y defiende el desabasto de medicamentos, una Secretaría de Relaciones Exteriores que deja más bien en ridículo al país ante la comunidad internacional, una Secretaría de Gobernación que califica a situaciones de extrema violencia como “cosa de todos los días”, una Secretaría de Hacienda que se hunde como un presagio de que el país así lo hará pronto y que al tiempo es abandonada por sus funcionarios mejor calificados y medianamente sensatos, una Secretaría de la Función Pública que parece no ser más que vil servidumbre del presidente, una Secretaría de Comunicaciones y Transportes tan corrupta como impune, una secretaría de Energía ineficaz como en décadas no se concebía y principalmente, un presidente que no ha sabido hacerle honor a su palabra cumpliendo lo que prometió.


Tomando en cuenta todo lo anterior, podemos darnos cuenta entonces: esta administración va mal.


¿Y en el rubro de la seguridad? Pues los secretarios de Seguridad y Protección Ciudadana, de la Defensa Nacional y de Marina tuvieron una oportunidad de oro que fue trágica y dramáticamente desperdiciada: capturar a Ovidio Guzmán López, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa mismo a quien, si bien lograron capturar en un primer momento, obtuvo su libertad después de que su organización lograra presionar lo suficiente a los gobiernos federal y estatal en el territorio que ocupan.


Sin embargo, lo alarmante no es la liberación de éste personaje sino lo que implica: un evidente debilitamiento del Estado mexicano.


Analicemos; ¿qué es el Estado? Francisco Porrúa Pérez lo define como “[…]una sociedad humana, establecida en el territorio que le corresponde, estructurada y regida por un orden jurídico, creado, definido y sancionado por un orden soberano para obtener el bien público temporal, formando una institución con personalidad moral y jurídica.” Es decir, al Estado lo componen cinco elementos: la población, su territorio, un poder público, su soberanía y la persecución del bien público temporal.


Teniendo claro lo anterior ¿impera en Culiacán un Estado pleno y cabal? Acudamos a la mayéutica:


¿Es Culiacán un territorio definido donde habita una determinada población?


¿Hay en Culiacán un grupo de personas que hacen valer un conjunto de normas (poder público)?


¿Este poder público persigue un bien común temporal mediante el desarrollo de su economía y la procuración de su seguridad?


¿Este grupo ejerce una soberanía? ¿Es capaz de autorregularse y defenderse incluso por la vía de las armas de quien tenga la osadía de intentar invadirlo?


¿El Estado imperante en Culiacán, Sinaloa que arriba se describió es el Estado Mexicano?


Este jueves nos dimos cuenta de que, como Hans Christian Andersen escribió en “El Traje Nuevo Del Emperador”, el emperador está desnudo, que la administración de López Obrador no va bien, que el pueblo no está feliz feliz feliz, que el Estado ha claudicado y que quien dice gobernar no sabe y no puede hacerlo.




 
 
 

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