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Después del temblor, la réplica

  • Orígenes Romero
  • 22 oct 2019
  • 2 Min. de lectura


En septiembre ocurren los temblores, suceden en octubre las réplicas; la tierra -y la gente-, replica lo que ha ocurrido en el pasado y ha quedado presente en la memoria de la corteza terrestre (o cerebral). De tal suerte que el octubre mexicano es lluvioso y llueven tanto agua como recuerdos perennes.


Memoria a largo plazo: aquella que abarca hechos significativos, fechas, experiencias. Recordamos muchos “2 de octubres”, al mexicano le gusta la reedición de momentos; la insana costumbre de rebobinar el VHS del cumpleaños de la tía Lola una y otra vez como si así descubriéramos una nueva mancha de betún en su rostro.


2 de octubre nos remite mayormente al 68 en Tlatelolco, a pesar de ello alguien recordará 1934 en Nuevo León; en alguna cabeza Calles y Díaz Ordaz conviven en el VHS que la memoria mexicana ha titulado Dos de octubre. Se nos enciman las marchas de cada año: el 2 de octubre reeditado.


El agosto feminista tembló con los encapuchados, el octubre estudiantil quiso replicar con un llamado del Comité 68 a no llevar el rostro cubierto, pero los fenómenos sísmicos resultan impredecibles: de nuevo aparecen personas que de incógnito ocasionan daños dignos de la escala de Richter.


Los temblores de septiembre se llevaron a José José en la nave del olvido; octubre se ha llevado a Miguel León-Portilla entre los códices de la literatura náhuatl. El noveno mes del año se llevó al cantante que sólo vivía en el recuerdo de una voz ya apagada, mientras que este mes el Mictlán ha recibido al encargado de preservar la memoria indígena.


¿Cuántas réplicas han de tener los temblores de tantos septiembres? Así de misteriosa es la Memoria Mexicana.

 
 
 

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