top of page

Elegir es renunciar

  • Vanessa Moreno
  • 1 nov 2019
  • 3 Min. de lectura

No parece ser una afirmación de gran trascendencia, pero vale la pena pensarla y contextualizarla.


En la obra seminal “Fausto” de Goethe se comenta sobre un hombre que hace un trato con el demonio Mefistófeles para tener juventud eterna con la idea de obtener mayor conocimiento. Pero el trato está lleno de vueltas y engaños que parecerían conferir a Fausto de placer, pero siempre hay desgracias causadas por él mismo.


Fausto no fue engañado, ni siquiera hizo malas elecciones, solo que todo requiere un intercambio.


Retóricamente Goethe plantea una de las máximas de la metafísica, la magia tiene un precio, el conocimiento tiene un precio y las decisiones también.


La vida y todo lo que nos rodea también.


Todo tiene un costo y la manera más fácil de entenderlo es a través del costo de oportunidad. En economía se postula que al elegir una cosa se deja de elegir otra.


Elegir es renunciar.


Si se quiere trabajar, se renunciará al tiempo libre; si se busca salud se renuncia a la comida chatarra; si se elige una película no se verá otra al mismo tiempo.


Si se elige resentimiento, se obtendrá resentimiento, ya que es un costo en sí mismo.


He platicado con seguidores del socialismo que simplemente niegan la existencia de los precios y los costos, creen que por incorporar estas palabras al vocabulario queremos de una manera opresiva vender hasta nuestra alma como el mítico Fausto.


Creen fervientemente que al negar la existencia de los elementos clásicos del capitalismo estos simplemente desaparecerán.


No, no se trata de retórica se trata de la naturaleza misma.


Y es tan sencillo como que ningún elemento puede ocupar el mismo espacio al mismo tiempo.

Elegir es renunciar.


Esta es una de las más básicas formas en las que los costos son pagados todos los días, pero no aceptarlo trae resentimiento y disociación con la realidad.


Todo tiene un precio y entre mayor la ganancia mayor el costo. El costo de la libertad es la responsabilidad.

Somos libres de tomar decisiones mientras aceptemos las repercusiones de nuestros actos. La libertad de expresión en las redes está acompañada de la responsabilidad de los mensajes que se emiten. Nos quieren convencer de un estado que nos liberará mágicamente de los costos de la vida, quieren convencernos demagógicamente que las grandes empresas nos hicieron pensar que todo está en términos monetarios. Creen que todo está en venta y todo tiene un precio; y si se ve de manera física y no filosófica esto es completamente cierto, sin blancos o negros ni matices, elegir es renunciar.


El estado totalitario quiere que entregues tu libertad a cambio de una seguridad. Prometen darte trabajo, seguridad, educación, igualdad.


Pero como todo acto circense estos planteamientos son un truco con una realidad escondida. Establecen las reglas para estos otorgamientos quieren decirte como hablar, a quien querer y en qué trabajar. El estado igualador también tiene costo y es extremadamente alto, te lo cobrará con intereses y lo terminarán pagando tus hijos.


La libertad es un precio demasiado alto para pagar en cualquier situación que se pueda describir. Si en este presente elegimos la división, la pelea de egos y el protagonismo tendremos que pagar un precio y tal vez no seamos capaces de dimensionarlo en este presente, pero llegará.


Elegir el ego ahora saldrá muy caro en el futuro.


La división ya nos costó el error de julio de 2018, ya estamos pagando, pero si seguimos gastando recursos en peleas internas este precio aumentará.


Mefistófeles una vez más pide un pago por el deseo que concedió, aunque este deseo lo pidieron otros él solicita como pago tu alma, ¿estás dispuesto a entregarla?

 
 
 

Comentarios


¡Sigue a Epílogo!
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon
  • Black Facebook Icon

Revista Epílogo © 2016

bottom of page