Apuntes de invierno: El mar
- Marco Sandoval
- 14 ene 2020
- 2 Min. de lectura

Alguna vez leí que a las mujeres, como al mar, solo se puede regresar. Siempre entendí esto como el hipnotismo que causa el mar cuando lo ves por primera vez, ese hipnotismo familiar que te hace creer que siempre has pertenecido ahí, que has vuelto.
Diciembre tiene la capacidad de hacernos sacar el corazón, y también de hacernos andar por ahí sin más, sin escudos, sin abrigos que nos cubran y, sin duda alguna, de acercar a las personas al amparo de esta vulnerabilidad.
Yo no soy la excepción a estos encantos decembrinos.
Y es que, si bien no todas las mujeres que he conocido me han transportado al mar, más de alguna sí ha logrado con sus ojos esa sensación de pertenencia. Con miradas furtivas a través de la habitación que hacen desear correr de regreso a ellas y, una vez en sus brazos, jamás irte.
En estos días, al calor de los seres queridos y orillado por el frío, es que encallo en estas costas. Siempre es gratificante regresar a donde ya he estado, y mucho más placentero regresar a donde nunca estuve. Este regreso implica, obviamente, replantear lo que conozco del mar, conocerlo por primera vez. Y así pasa diciembre tras diciembre, conozco una y otra vez el mar, desde diferente playa, esperando que sea la última vez que tengo que regresar y poder quedarme para siempre.
Este invierno no ha sido la excepción, una vez más regresé.
Y fue hermoso contemplar la vastedad desde la orilla y mojarme en sus aguas. De nuevo transportado al mar que conocí cuando era adolescente, pero esta vez desde una playa desconocida. Tengo que admitir que esta vez no sólo sentí esa pertenencia antes mencionada, sentí también haber estado ahí con anterioridad, como nunca antes.
Lamentablemente no todas las playas te reciben eternamente, y ante el miedo de averiguar que la hospitalidad terminaría, terminé regresando a la ciudad antes de corroborar esta eterna bienvenida. Por el momento y desde la abrumadora calma de la ciudad sigo pensando en esa playa, pensando si debería regresar. Tal vez nunca regrese, tal vez sí. En el peor de los casos volveré a estar ahí, pero desde otra costa, de nuevo como la primera vez. […]
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