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Club Deportivo Veracruz o el Egisto del Trópico

  • Orígenes Romero
  • 14 ene 2020
  • 4 Min. de lectura

El fútbol mexicano vuelve a las pantallas, este fin de semana ha comenzado un nuevo torneo de la Liga MX. Dieciocho equipos disputarán el trofeo, todo parece normal, y es que el año pasado se jugó en disparidad: 19 conjuntos compitieron y el Monterrey quedó campeón. El anómalo certamen ya anunciaba la catástrofe.


Nos falta el equipo número 19: hace más de un mes que el Veracruz fue desafiliado. Hoy, el estadio Luis “Pirata” Fuente, que pasa a manos del gobierno estatal, es rentado para cascaritas y fiestas. El “Pirata” abandonó el oficio de corsario por el de animador de banquetes.


Fidel Kuri es el responsable de la desgracia. Aquel hombre que amenazó con la desaparición de los Tiburones Rojos si no ganaba el PRI cumplió la amenaza. La Federación Mexicana de Fútbol desafilió a la escuadra por falta de pago a sus jugadores. Un equipo cuyo color es asociado con el socialismo decidió no socializar las utilidades entre sus trabajadores.


La casa del Veracruz ha sido escenario de historias inconcebibles, dignas del tantas veces heroico Puerto. La comunidad en Twitter ha inmortalizado aquella tarde en que ocurrió un acontecimiento que da fe de la heroicidad veracruzana: hace poco más de dieciséis años, Cuauhtémoc Blanco decidió agredir a David Faitelson después de que este hiciera ciertos comentarios acerca de su vida personal.


Los tuiteros le recuerdan al comentarista deportivo que el hombre de la insigne joroba, le dio un golpe a la quijada detrás de la ventana de los vestidores del “Pirata” Fuente. Años después, las consecuencias de lo acaecido siguen asombrando: Blanco es ahora gobernador de Morelos y Faitelson adelgazó.


Los jarochos tuvieron un equipo con historia: dos veces campeones en la década de los cuarentas de la mano de Luis de la Fuente y Hoyos, cuyo apodo choca con sus rimbombantes apellidos. A principios del nuevo milenio, Los Tiburones de Cuauhtémoc eran un auténtico carnaval liderado por él y por Kléber Boas. Fueron hombres capaces de llegar alcoholizados a los entrenamientos y culminar como líderes de la tabla general.


El balompié veracruzano es de prosapia, tomemos los datos del libro Historia mínima del fútbol latinoamericano (El Colegio de México, 2018) de Pablo Alabarces. La profesionalización del juego se logra en 1943, pero ya en 1902 tres clubes de la Ciudad de México invitaron a participar en un torneo al Pachuca y al Orizaba, equipo perteneciente a una fábrica textil de yute que en 1901 era el Orizaba Cricket Club, pasando a Athletic Club al año siguiente. El primer campeón de la Liga Mexicana de Football Amateur Association fue el Orizaba, ¿lo sabías Fidel Kuri? Tal vez no.


Para el centenario de la culminación de la guerra de Independencia, Álvaro Obregón organizó un certamen donde participaron equipos como Atlas, Guadalajara y el Pachuca, por Veracruz iban el Sporting, el ADO de Orizaba y el Iberia de Córdoba. En 1943, ya se habían fusionado el Sporting y el Iberia formando al Veracruz.


Los Tiburones Rojos han desaparecido varias veces: en 1951 descendieron para después irse. En 1963 volvieron en propiedad de José Lajud Kuri (apellido ligado al gobierno del Estado y al club). No contaré aquí el descenso de la década de los 70’, pues no desapareció el equipo, aún la afición podía alentarlos. En 1988 compraron una franquicia, volvieron a Primera División y contrataron al exblaugrana Jose Mari Bakero.


En un país azotado por la corrupción y el narcotráfico no son pocos los equipos que han resultado afectados por malos manejos, además del Veracruz recordemos casos como el de los Reboceros de la Piedad, el Irapuato y el Querétaro; los apellidos de Yáñez o Ahumada se suman al de Kuri. Directivos-criminales que no tienen empacho en dejar sin equipo a sus aficionados.


Durante la primera década de este milenio sufrieron varios descensos. El deficiente reglamento de la FMF permitió que desaparecieran Albinegros de Orizaba y Reboceros de la Piedad para lograr el retorno de los Tiburones al Máximo Circuito. La afición de los escualos terminó pagando estos acuerdos con la desafiliación de su equipo. ¿Qué pasa con aquellos que se quedan huérfanos de fútbol?


Me imagino que ocurre un dilema existencialista: el deporte más popular del mundo es, para muchos, pieza elemental de la identidad. Ojalá Victor Frankl renaciera en Veracruz, les hará falta leer El hombre en busca de sentido. Ignoro si existe algún aficionado de los Indios de Ciudad Juárez que aún se rehúse a olvidar al equipo que el Maleno Frías y el técnico uruguayo Héctor Hugo Eugui llevaran en 2008 a la liguilla. No sé si ese hincha sea capaz de irlea los Bravos de Gabriel Caballero.


Egisto tropical, Fidel Kuri asesinó por la espalda a su propia institución y el legado de Luis de la Fuente, la Liga MX se comportó como una Clitemnestra cómplice. Veracruz se ha ido. Su vuelta puede darse a la manera de los héroes helénicos Odiseo o Agamenón, todo depende de quien los espere en casa, Penélope o Clitemnestra.

Por mi parte y la de muchos aficionados al fútbol, Fidel Kuri, te voy a recordar (como le sucede a Faitelson) cada vez que respires que el 5 de diciembre del 2019 acabaste con el carnaval, y no eres el único que ha atentado contra ese club. Emulando al fallecido locutor regiomontano Roberto Hernández Jr., célebre aficionado de los Tigres que sufrió alguna vez su descenso, diré: “Dios bendiga a todos los que le hicieron daño a este equipo”.

 
 
 

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