A la defensiva: Una relato introspectivo
- Marina Ferreyra
- 9 feb 2020
- 4 Min. de lectura

Vivo a la defensiva. Camino por las calles de una ciudad solemne, mirando cada paso, escuchando cada risa, cada charco, cada brisa sucia. No sonrío, volteo y no volteo, desvío la mirada y mi corazón no ayuda. Camino, camino, camino y llego. Llego a un espacio donde todos juzgan, donde todos toman, donde todos gritan. Los evito y silencio con la mirada de frente. Me duele la cabeza, me duele la panza, me duele la espalda. En las noches no duermo, solo pienso y peleo. Peleo con la quimera en mi mente que se acuesta en mi cama y susurra pecados, pecados de gente que camina a mi lado y peleo, peleo, peleo. Sus yerros me calan las costillas y sus falsas penitencias que en las noches musitan me hacen chillar y me quiebran los dientes. 1, 2, 5, 3; cuento chueco y respiro más pero no se va, se queda y se pega a uno de mis senos, ahora mi cuello y después al cerebro, como un diablito que juega, ¿será diablito o será algo más? ¿Acaso la cordura que la sociedad disfraza? ¡Me defiendo y grito! Pero nada suena, solo el silencio y la risa de la frustración, que sirve como encendedor de mis deseos, anhelos, sueños. Toco el fondo de lo oscuro y es lo peor, me canso de defender, me canso de pelear. Recuerdo la soledad que la defensa me hace vivir y goteo. Goteo hasta que el agua ya ha marcado su camino y limpio los restos con papel. Recuerdo que mañana me espera otra batalla pero ya no tengo refuerzos, se los llevó la esperanza que tenía ayer. En el punto más alto de la pelea caigo al limbo, para despertar otra vez a las afueras del inicio y camino, camino, camino, pero no llego.
2019 fue un año lleno de cambios y caos. Nuevo gobierno, manifestaciones, marchas, debates y una sociedad mexicana muy dividida. Las redes sociales explotan cada semana con un tema nuevo, tomas una postura, compartes memes, te peleas con tus conocidos y extraños en Facebook y Twitter, se calman las cosas y a la semana siguiente vuelve a empezar el círculo vicioso de los “debates” que terminan muchas veces en peleas e insultos. Estar constantemente en estos “círculos”, con tu feed lleno de noticias de violencia en el país, robos, feminicidios, desapariciones, corrupción, negligencias, noticias de índole moral, etc. puede desencadenar en muchas personas, y con justa razón, una actitud defensiva o conductas defensivas.
Cuando nos sentimos amenazados o en riesgo usamos mecanismos de defensa para protegernos ya sea física o psicológicamente. Cualquier cosa que impida que seamos conscientes de hacer un cambio en nuestro estilo de vida, ideologías o hábitos en los que nos encontramos cómodos pero son obsoletos o dañinos, resultan una inconsciente amenaza a la cual reaccionamos con conductas defensivas.
La represión (de nuestros pensamientos, deseos, recuerdos, etc.) la racionalización (explicación de una acción o conducta y sus consecuencias que concuerden con nuestra identidad, con la intención de proteger nuestros valores), la negación (defendemos una postura, creencia, etc. al negarnos a escuchar los aspectos de la realidad externa si estos amenazan nuestra identidad), la falta de contacto psíquico (incapacidad o negación para comunicarse o entablar una relación emocional con otras personas), término establecido por Wilhelm Reich, y la despersonalización de otros ( no vemos a los demás como seres humanos con emociones y sentimientos), son algunos ejemplos de conductas defensivas que podemos tener consciente o inconscientemente.
Las amenazas que recibimos pueden venir de fuentes internas o externas; cuando nuestra vida está en peligro o cuando nuestro sentido de la identidad propia lo está, lo que somos o creemos y/o queremos ser.
Cuando algo valioso para nosotros es amenazado, tendemos a defenderlo casi por reflejo; hay maneras reales y razonables de hacerlo, fomentando nuestro desarrollo personal, y otras formas erróneas de hacerlo, que nos conducen a un camino de oscuridad y cero apertura a nuevas experiencias. Esto nubla nuestro pensamiento crítico y se convierte en una amenaza para la sociedad y la calidad de nuestra vida, ya que no podremos ver desde una postura neutral el problema. La ansiedad, la culpa, la frustración y la depresión son algunas consecuencias de conductas defensivas llevadas al extremo, que pueden terminar también en paranoia.
Cuando una persona defiende un ideal, postura, creencia, etc. sin escuchar o ver lo hechos reales, analizando todos los contrastes del problema, ignorando ciertas cosas que dañarían a su concepto con el cual se identifica, evitará su desarrollo personal e intelectual, y gracias a la actitud agresiva que se toma podría llegar a afectar las relaciones con personas cercanas a él o ella, ¿quién quiere hablar con alguien que solo pelea y no escucha?, ¿Qué todo lo toma personal?, alguien con quien no se puede dialogar. Cambiemos las conductas y actitudes defensivas por una actitud reflexiva que actúe en contra del pensamiento único, abrámonos a nuevas experiencias y al diálogo, pero sobre todo aprendamos a escuchar. Las conductas defensivas son necesarias para nuestra vida y supervivencia, pero cuando nos sirven para cuidarnos y crecer como personas, no para atacar y/o afectar nuestra salud.
“El desarrollo implica cambio, pero hacia mayor conciencia, competencia y autenticidad”.
-M.Jourard.-
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