“Yo te cuido”: un relato de vida
- Marina Ferreyra
- 25 mar 2020
- 3 Min. de lectura

No existía. No existía y ya sabía que iba a morir, en manos de un monstruo que te acosa desde el momento en que te parieron.
Tenía unos meses de encarnarme en la panza de mi madre, cuando tomé conciencia de mi pecado. Lloraba y rezaba noche a noche, “¡que sea un niño Dios mío!” “¡que sea un niño, nada más te pido!”, y soñé que era niño: “¿Qué es ser niño?”, pensé, y me imaginé un campo de flores, un mundo lindo, un mundo libre. Mi papá decía “Yo sé que es un niño, un baroncito, es de familia” y me compraron todo azul, me llamaría como mi padre y heredaría sus dones.
Nací un 8 de marzo, y no nací niño, nací niña dijeron los doctores, y me asusté, me asusté al escuchar el llanto silencioso de mi madre y ver los ojos rojos de mi padre. Entre brazos y cunitas escuchaba los quejidos, me iban a tener que cuidar más, estaban preocupados, “la van a matar” decía mi padre, “la van a matar”. Mi madre se escondía al alimentarme, le avergonzaba su cuerpo, “no hagas eso aquí que te van a ver”, así que me dieron mamila. A mis tres añitos me repetían “no te vayas con nadie, no le creas a nadie, quédate con tu hermano que él te cuida”. A los 5 quería jugar con carritos y me dieron muñecas, quería hacer karate y me metieron a ballet. “No te vayas con aquél, no le creas, si él te lleva te va a matar”.
Empecé a crecer, a mis 11 años me dijeron que mi piel debía ser liza y suave, que mis vellos estaban mal, y los corté; que las faldas eran sexys y que a los hombres les gustaban los pechos y las nalgas. Me puse una falda y me pinté la cara, buscando atraer lo que me dijeron que debía querer, me gritaron, me tocaron y dejé de usar falda. En la secundaria los niños nos tomaban fotos, nos hablaban sucio: “es tu culpa por vestirte así”. Que si era bonita, que si era fea, que si era gorda o delgada, que si era una santa o una puta. “Cuídate niña, que un día te va a pasar algo”. “Si vas a la tienda, ve con tu hermano”. Me regañaban por llorar, me regañaban por soñar. “Quiero ser niño”, “si fuera niño todo sería más fácil”.
15 años, “ya eres una mujer, vístete como tal y deja de joder”. “El mundo es tuyo pero a medias y con limitaciones porque tienes vagina, que no se te olvide”. “Ahora que tienes 15 años los hombres te mirarán diferente, cuídate”. “No te pongas ese short, que me calientas” “Vístete más femenina, pareces marimacha”.
A mis 20 me enamoré, y sin saber amar me topé con un hombre que repetía lo mismo que escuché toda mi vida pero en forma de caricias. “No te vistas así”, “no hagas eso”, “te lo digo porque te quiero y te cuido”; “yo sé cómo son los hombres, no te expongas”, “quítate eso pareces puta”, “no hables así, te ves mal”, “¿qué va a decir la gente?, eres mi novia”, Revisaba todo: mi celular, mi casa, mis amigos, mi rutina, mi ropa, mi comida. “Yo te cuido, yo te amo”. “Allá afuera algún hombre te puede lastimar, pero yo no, yo te cuido”. Sus caricias empezaron a sentirse como rasguños, sus palabras se convirtieron en cadenas, y yo escuchaba lo que escuché toda mi vida: “yo te cuido”.
Un día ya no me tuvieron que cuidar, porque no existía. Mi madre lloraba y mi padre decía: “la mató, la mató, yo sabía que la matarían”.
Comentarios