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La Bestia

  • Marco Sandoval
  • 10 abr 2020
  • 3 Min. de lectura

Fue al final de un día siete de mes que se le vio rondando el pueblo por primera vez. Aún era muy pequeña, casi inofensiva. Se rumoraba que era hija del anciano Eloy, aquel robusto albañil que había construido todo el pueblo, según las lenguas.


En estos primeros avistamientos realmente no causaba gran daño al pueblo, parecían más travesuras. Uno que otro destrozo en el mercado, puestos destruidos, frutas y cereales robados.


Poco a poco fue creciendo y desarrollando su fuerza, así como el pueblo se fue acostumbrando a su presencia, hablaban de ella en comidas familiares e incluso bromeaban como si se tratase de un ser querido. Cada vez más se iba apoderando del imaginario de los habitantes. El punto de inflexión fue cuando, ya habiendo crecido bastante como para parecer aterradora, surgió la tragedia. A la mitad de la plaza principal devoró a un hombre.


Esta visión resultó en un trauma para los habitantes, no sólo había devorado al hombre, lo había deshumanizado totalmente. Le arrancó las vísceras mientras aún vivía, lo arrastró frente a todos los espectadores, se dio un festín entre la lluvia de sangre que volaba y la bañaba. La gente al observar el grotesco espectáculo corrió despavorida sin siquiera digerir lo que estaba pasando, buscando únicamente sus casas para resguardarse de aquel mal. Dentro de sí, y al yo formar parte de esa chusma que presenció la terrible carnicería, entendí que el miedo que compartíamos era el ser el siguiente devorado.


Y el encierro comenzó. Pocos se atrevían a ir más allá de donde fuera estrictamente necesario. El pueblo estaba aterrorizado, aún así tenían que seguir con sus vidas, no podían parar, era eso o morir. Y fue así como aprendieron a vivir aún sabiendo de su presencia, rondando por el pueblo. Ocasionalmente desaparecía algún habitante, para ser encontradas sus ropas al día siguiente en la plaza principal justo frente a la iglesia. Fue en esta convivencia con ella que el pueblo comenzó a desarrollar diferentes estrategias para evitar ser devorados. Se dieron cuenta que odiaba las muchedumbres, la gente arremolinada, en especial a los más devotos, esos que jamás cuestionaban sus adoraciones.


Lo que pasó después fue que finalmente no quedó ningún devoto para la iglesia, desaparecieron todos y sus ropas yacían ahí, frente al dogma que tanto se rehusaron a abandonar. Los habitantes del pueblo creían que por fin habían saciado la sed de sangre de la criatura, por lo que comenzaron a rehacer su vida, casi como antes de la tragedia. Pero pronto comenzaron a realizar muchedumbres y culparse los unos a los otros sobre qué había desencadenado el hambre insaciable de este ser extraño que ahora vivía entre ellos. A caer en los mismos vicios y abrazar nuevas devociones ciegas, a separarse como pueblo. Unos culpaban a la avaricia de los más opulentos al ser donde primero se crearon los destrozos, otros culpaban a la adoración equivocada de dioses. Los más atrevidos llegaron a responsabilizar al albañil que había construido todo. Cada quien con su dogma creía que el vecino era el culpable de la desgracia.


Fue en este momento que la criatura comenzó a devorar de nuevo. Esta vez ya sin discriminación. Hombres, mujeres, ancianos, niños. Cada día y cada noche se iban acumulando las ropas que vestían sobre la plaza principal. Los que no habían sido devorados ya, cundieron ante las culpas que se imputaban. Comenzaron a atacarse entre vecinos con la misma furia que el ente devoraba a sus víctimas. Y así, día a día, el número de habitantes del pueblo comenzó a disminuir, unos, víctima del hambre de la criatura, otros, víctima de sus propios hermanos.


En este momento del relato me siento obligado a revelar mi identidad, yo soy Eloy, el anciano albañil. Y dejo mi último testimonio sobre este pueblo:


La Bestia llegó y terminó con todos los habitantes.

I will wipe from the face of the earth the human race I have created, and with them the animals, the birds and the creatures that move along the ground, for I regret that I have made them

-Genesis 6:7

 
 
 

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