En México no sólo se comen vacas: la pandemia desde la subalternidad (Parte 1)
- Orígenes Romero
- 19 abr 2020
- 6 Min. de lectura

Con cada gran acontecimiento de la humanidad surge un período reflexivo desde la literatura y la filosofía, así cuando la peste bubónica azotó Florencia Giovani Bocaccio nos legó su Decamerón, una historia donde diez jóvenes deciden aislarse voluntariamente a las afueras de su ciudad y para pasar el rato cuentan relatos todas las noches durante diez días. No sorprende la proliferación de crónicas del encierro o pensamientos sobre la pandemia de coronavirus.
En esta ocasión pretendo un ensayo sobre la urgencia de estudiar el brote de coronavirus desde Latinoamérica y México, rompiendo así con la hegemonía discursiva europea. Vamos pues a un primer acercamiento en esta serie de artículos que conformarán la investigación.
Una serie de textos publicados en diversos medios por pensadores tan reputados como Agamben, Zizek, Byung Chul-Han o Judith Butler han sido recopilados en Sopa de Wuhan, título que alude al supuesto origen quiróptero de la enfermedad. Los europeos se maravillan (horrorizan) de que en China los murciélagos sean comida; abundan en Youtube los videos previos a la pandemia en donde se exhibían personas comiendo este tipo de platillos.
A decir verdad, lo no-Occidental espanta a los europeos. El sentimiento de rechazo a la otredad impide concebir que en Latinoamérica se consuman iguanas, tarántulas, larvas de hormiga, chapulines, armadillos o maíz infectado; en desuso ha quedado el consumo de xoloitzcuintles y el pozole con carne humana. Por ende, la reacción xenófoba resulta una obviedad.
Slavoj Zizek, el mediático académico de la Universidad de Birbeck, cree que el COVID-19 nos va a orillar al fin del capitalismo y a un comunismo reformado. Sin embargo, Byung Chul-Han ha refutado esta idea, pues el “filósofo coreano que piensa desde Berlín” no ve sino un fortalecimiento del sistema y una etapa de transición hacia una sociedad aún más individualizada.
El gran aporte del autor de La sociedad del cansancio es retomar las ideas foucaultianas de Biopolítica. El Asia que él conoce tiene una tradición autoritaria que impone fácilmente medidas disciplinarias en su población. Ojo con el epíteto: “el filósofo coreano que piensa desde Berlín”; Corea del Sur, aunque tuviese una tendencia al autoritarismo, el capitalismo ha moldeado el desarrollo de esa sociedad hasta llevarla a lo que se considera “primer mundo”; de Berlín no hay más que decir. Chul-Han, igual que Zizek escribe posicionado en el privilegio, a pesar de que sus consideraciones aciertan en mayor medida.
La mirada de Slavoj Zizek en América se deposita en Estados Unidos: nuestro vecino del norte se decanta por la aseguranza privada en lo que concierne a salud pública. Ahora que es el país con más casos, el esloveno comprende que la salud es un privilegio. Judith Butler por su parte hace hincapié en la gravedad de que en una nación como esa la “propuesta de salud universal y pública revitalizó un imaginario socialista”. La Meca del Capitalismo llama socialismo a la seguridad social.
Zizek recupera las palabras del ministro de salud iraní Harirchi: “This virus is democratic, and it doesn’t distinguish between poor and rich or between statesman and an ordinary citizen”. Y es que el virus fue esparcido por el mundo gracias a quienes tienen el poder adquisitivo que requiere un viaje. Coincide la filósofa Judith Butler: “por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo.”
El aprendizaje de las sociedades europeas según Zizek y Byung Chul-Han es que deberán autodisciplinarse; sin embargo, el aislamiento en Europa es distinto al latinoamericano o al africano. Ambos intelectuales pensaron en su sociedad y no en todas al afirmar esto. Por otro lado, Zizek logra entender el vacío en que se encuentra la economía globalizada: “financial capital as living entities”; es decir, se trata a los mercados como entidades con vida propia. La pandemia nos ha demostrado cuán frágil es la Bolsa de Valores. Esta afirmación del esloveno sí es aplicable a toda comunidad, pues todo el mundo se haya supeditado a la economía global de alguna forma.
La feminista estadunidense Judith Butler concuerda con Byung Chul-Han en el tema del refuerzo del control de los Estados sobre los cuerpos.
“Por un lado [dice la intelectual], se nos pide secuestrarnos en unidades familiares, espacios de vivienda compartidos o domicilios individuales, privados de contacto social y relegados a esferas de relativo aislamiento; por otro lado, nos enfrentamos a un virus que cruza rápidamente las fronteras, ajeno a la idea misma del territorio nacional”.
Para la autora es posible un proceso de des-globalización sustentado en el incipiente auge de varios líderes populistas cuya políticas ultranacionalistas (chovinistas y xenófobas) pudiesen reforzarse. Siguiendo la línea de Judith Butler, el fin del mundo globalizado se dará por la excesiva intromisión de unas naciones sobre otras. Al final, las poblaciones rechazan al extraño, y es por esto que pulúlan ahora los políticos xenófobos.
Por otra parte, Byung Chul-Han se detiene a pensar que “Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa”.
Tomar el caso de México significa comprender un país en que la confianza en el gobierno está perdida desde hace siglos, la organización es mucho más compleja. La tradición aquí es de insubordinación y lucha contra la represión estatal, por lo que un sistema como el que plantea el intelectual sobre el futuro de Asia es inválido para nosotros.
Hablar de la tecnologización de la vida asiática es imposible para Latinoamérica, las medidas de represión, de recrudecerse, serán más burdas y violentas. Tan anticuadas como la policía armada. Lo digital aún no es factible en esta parte del mundo. Sobre este punto hay una visión cerrada del coreano, pues parece que sólo existiesen Asia y Europa:
“La digitalización directamente los embriaga. Eso obedece también a un motivo cultural. En Asia impera el colectivismo. No hay un individualismo acentuado. No es lo mismo el individualismo que el egoísmo, que por supuesto también está muy propagado en Asia.”
Y es que México -y Latinoamérica- es gregario por naturaleza. Juan Villoro lo explora en El vértigo horizontal (Almadía, 2018) y en una de sus últimas columnas en Reforma (“Volver a casa”, 20/03/20). Del mismo modo, un interesante ejercicio sobre la desigualdad y la “Biopolítica” (Reforma, 18/04/20).
Refiere Byung Chul-Han que en “Corea no hay prácticamente nadie que vaya por ahí sin mascarillas respiratorias especiales capaces de filtrar el aire de virus”; la cuestión es que la compra-venta del filtro N95 no es viable para todos los sectores y economías latinoamericanas. El filósofo piensa desde Berlín.
Más adelante el coreano intenta dar en el clavo:
En una situación así, las mascarillas protectoras salvarían realmente vidas humanas. Está surgiendo una sociedad de dos clases. Quien tiene coche propio se expone a menos riesgo. Incluso las mascarillas normales servirían de mucho si las llevaran los infectados, porque entonces no lanzarían los virus afuera.
La posición económica ha influido indudablemente en ambas etapas de la infección: la importaron los ricos y la diseminan los pobres que no pueden recluirse en casa o usar automóvil propio. Sigue con otra afirmación inclinada a la seguridad individual: “También a mí me gustaría llevar mascarilla protectora, pero aquí ya no se encuentran” dice Chul-Han, a pesar de haber denunciado antes la posible individualización extrema de la sociedad asiática y la europea.
Concluye: “Y una enseñanza que deberíamos sacar de la pandemia debería ser la conveniencia de volver a traer a Europa la producción de determinados productos, como mascarillas protectoras o productos medicinales y farmacéuticos”.
Europa no es autosuficiente, ha vivido en gran parte de la expoliación de sus colonias, sin embargo, la afirmación anterior debería encaminarse a la autosuficiencia de todos los continentes: “volver a traer” implica forzosamente la erradicación o al menos la modificación de la globalización.
Y, si bien el capitalismo no caerá, Chul Han no acierta del todo cuando escribe que el “virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia”, pues la globalización sí es susceptible de modificaciones: la economía se ha fragilizado, el mito de Wall Street cayó como en 1929. Lo cierto es que, para generar una Revolución, la gente debe entender que ahora posee la calle: los pobres son los que no hacen cuarentena.
https://lateclaenerevista.com/agamben-el-coronavirus-y-el-capricho-teorico-por-jorge-aleman/
https://www.lahaine.org/mundo.php/naomi-klein-el-coronavirus-es
https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html
https://www.rt.com/op-ed/481831-coronavirus-kill-bill-capitalism-communism/
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