Amado Nervo, el uruguayo que come churrascos
- Orígenes Romero
- 25 may 2020
- 3 Min. de lectura

“Mi apellido es Ruiz de Nervo; mi padre lo modificó, encogiéndolo. Se llamaba Amado y me dio su nombre. Resulté, pues, Amado Nervo, y esto, que parecía seudónimo, así lo creyeron muchos en América y que en todo caso era raro, me valió, quizá, no poco para mi fortuna literaria", refiere el ilustre nayarita nacido en 1867; estos datos se encuentran disponibles en una obra compilada por Luis Iñigo Madrigal, en el segundo tomo de Historia de la literatura hispanoamericana, titulado “Del neoclasicismo al modernismo”.
Con motivo del aniversario luctuoso del poeta, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México cometió una garrafal pifia al referirse a él como uruguayo. Es bastante obvio que la confusión se debió a que el autor de En paz, falleció un 24 de mayo, pero de 1919, en tierras charrúas mientras ocupaba el cargo de embajador de México en Montevideo.
El error no es grave por sí solo. Su gravedad se debe a la importancia de Amado Nervo en México. Se dice que su funeral duró ¡seis meses!, pues su cuerpo fue recibido y homenajeado en países como Argentina y Brasil en un periplo de medio año hasta llegar a su tierra y ser depositados sus restos en la ahora Rotonda de las Personas Ilustres el día 12 de noviembre.
El responsable de la cuenta de Twitter de la Secretaría de Cultura capitalina llamó uruguayo a quien apenas llegaba el 16 de mayo de 1919 a ese país como ministro diplomático. Parece que adquirió la doble nacionalidad en tiempo récord: tan solo nueve días, según el community manager de dicha oficina.
“De acuerdo con Carlos Monsiváis, [refiere Juan Villoro, fiel admirador de Nervo] durante casi un siglo, las exequias de Nervo fueron las más concurridas en la historia de México. Ni Pedro Infante, ni Agustín Lara, ni Cantinflas, ni María Félix, ni el Chavo del Ocho congregaron a tanta gente. Algo dice de México que la mayor devoción necrológica haya sido concedida al poeta del sentimiento extremo. Nada más lógico, a fin de cuentas, que un país lleno de carencias opte por pasiones que sólo llegan en los versos”.
Es inconcebible que siendo Nervo un poeta popular sea víctima de un ultraje de este tipo. Para Juan Villoro no sucedió algo igual, “sino hasta 2016 cuando finalmente se celebró un sepelio capaz de competir con el suyo. Acaso sin saberlo, el fallecido era su discípulo. Alberto Aguilera Valadez actualizó los sufrimientos del amor.
“Arquitecto de su propio destino”, como quería Nervo, decidió llamarse Juan Gabriel.”
“Entendemos tu molestia y expresamos nuestras más sinceras disculpas”, fue la respuesta ofrecida a un usuario. Recordemos que no es la primera vez que la memoria de Nervo es insultada: hace tiempo, Beatriz Gutiérrez Müller, académica mexicana y esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió al escritor como “Mamado Nervo”. Así se ha expresado el gobierno actual de quien congregó a una tercera parte de los habitantes de la Ciudad de México en 1919, el funeral más grande hasta Juan Gabriel.
Agustín Lara, “El Divo de Juárez, y otros fueron influenciados de manera directa o indirecta por la poesía romántica de Nervo. En Paz, comienza así:
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida...
Es triste que las penas que no le ocurrieron en vida le ocurran ahora muerto.
https://archive.org/details/historiadelalite0002unse/page/647
https://www.milenio.com/cultura/amado-nervo-un-funeral-que-duro-seis-meses
https://www.etcetera.com.mx/opinion/el-funeral-como-extasis-juan-villoro/
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