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Dos momentos de terror

  • Orígenes Romero
  • 11 jun 2020
  • 2 Min. de lectura

Primer momento de terror:


Pancartas y silencio. Dieciséis policías con escudos y cascos, y silencio. Se rompió un cordón amarillo y me pasé, quedé frente a cuatro de los elementos.


Una mujer se acerca en son de paz:


- Venimos aquí a platicar con ustedes, no vamos a volver a hacer algún desmán, queremos saber qué va a pasar con nuestros muchachos.


Vi, de frente, un grupo de “civiles” con chalecos antibalas. Brincaron dos de la camioneta, el primero traía un bate metálico de color negro con un estampado en rojo y amarillo, el segundo llevaba un palo de madera. Se llevaron a alguien. Una mujer desesperada gritó “¡policía!”, acudiendo no sé a qué santo. La tanqueta de la unidad estatal escoltó al comando en la primera de las dos rondas en las que los vi pasar.


Me moví, como todos, aterrado a la acera de enfrente. Dos jóvenes me ofrecieron un aventón “al centro”, pero me negué. El afán investigativo me ganó.


- ¿Sabes qué? Diles que no vengan- había dicho uno. Las calles 14,13,10,16 estaban ocupadas por la policía.


Nos reagrupamos todos, el afán de esperanza nos unió. Una joven, que tal vez se subió al auto blanco que estaba atravesado, tomó la iniciativa:


- Banda que está queriendo llegar los están levantando, ustedes también son pueblo, nosotros no somos infiltrados y nos reciben a palos.


Resultó increíble: dialogaban los policías para dejar pasar al resto de los manifestantes. - Van a ir por Papá de Isaí Luna- decía alguien con sed de justicia. Ya veía casi 30 policías.


De repente otro anuncio: “Noé y Andoni no se encuentran”. En el restaurante de al lado, un bebito juega su hermanito mayor, el mundo atrás de la ventana era distinto.

- ¡Presos políticos: libertad! Libertad, libertad a los presos por luchar.


En este momento, 50 personas exigieron la liberación de presos, que deje de haber un gobierno fascista y justicia para Giovanni.



Segundo momento de terror:


- Pásate por acá hermano- me dijo un policía: me dio miedo.


En la esquina se quedó la camioneta de los tipos vestidos de civil, armados con palos y un bate. Sentí coraje y regresé.


- ¿Vas a pasar? - me dijo.

- No- respondí.

- Nada más nos está cucando-, dijo otro.

- Te puedo revisar la mochila -pregunta el último- ya ves cómo es la raza.

-Pero soy discapacitado

- Sí, pero por precaución.

- Oiga, ¿puedo preguntar por qué traen palos?

- Porque los madrazos también nos duelen

- Yo no vengo armado


Sentí miedo de los ministeriales otra vez. Un empleado del 7-Eleven llegó a vendernos aguas. Él sí se pudo acercar a la policía. El capitalismo fue representado perfectamente en un apóstol cubierto de verde como el dólar.


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