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Por el placer de crear

  • Victoria Villar
  • 14 jun 2020
  • 1 Min. de lectura

En un tiempo donde el trabajo, la universidad, el hogar, en fin, la cotidianidad han de exigir hasta nuestros momentos de ocio, el crear viene a ser revolucionario.


La creación literaria, la inspiración y dedicación a la preparación de una comida, el trabajo manual, la capacidad de plasmar en dibujo o pintura se convierte en un momento de encuentro con nosotros mismos, un lapso de tiempo en el que recordamos lo que es ser verdaderamente humanos, que nuestro propósito no es únicamente el cumplir y gastar nuestro preciado tiempo, capacidades e intelecto en producir para una institución mayor.


Aun y cuando lo que creamos se piense como una réplica de algo ya existente, como podría creerse al seguir una receta o copiar una imagen, aquel sazón tan propio viene a florecer en los pequeños y auténticos detalles que nuestro corazón en nuestra obra imprime, la felicidad al apreciar aquello hecho por y para nosotros, es indescriptible.


Planear la tarea, disfrutar el proceso y gozar en la individualidad de aquel logro pequeño. Aun y cuando sea imperfecto jamás debe ser menospreciado, pues por fin, después de meses de servir a los otros, hemos creado algo solo nuestro y el pequeño triunfo simbolizara eternamente mucho más que aquellas labores grismente obligadas.


Los tiempos de confinamiento y tiempos de libertad, tienen algo en común: son sustancias cuyo exceso nos abruma; las obligaciones presionan, las pantallas absorben y el entretenimiento instantáneo abruma y distrae, se habla mucho de la imaginación inventiva pero poco del esfuerzo que es dejar a esta fluir y respetar su propia intimidad.


Reconciliémonos con nuestra creatividad, y aunque el sistema apriete, démonos el tiempo de, cual niños, jugar a crear.

 
 
 

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