top of page

La asignatura pendiente

  • Orígenes Romero
  • 5 jul 2020
  • 2 Min. de lectura

Ya se cumplieron dos años de una votación histórica en la que, por primera vez, un candidato ganó legítimamente la Presidencia de la República con el 53% del electorado a su favor. López Obrador cambió polémicamente su estrategia de campaña, aquella que lo había conducido al rechazo de un sector en el 2006 (además de un probable fraude), y a una base insuficiente para competir contra toda la estructura PRI en 2012.


El AMLO de 2012, más mesurado que el de 2016, se rehusaba a incorporar sindicatos corruptos y personajes de reputación dañada como sí lo hizo el priísmo que antes se había aliado con Elba Esther Gordillo -que terminaría presa a finales de sexenio-, y contaba con grupos como los Antorchistas en su base. El escándalo de las tarjetas MONEX-Soriana quedó impune y sirvió para orillar la elección a favor de Peña Nieto.


En 2018, tuvimos a un tabasqueño temeroso de que sucediera lo mismo e ignorante del arrastre que tendría en la elección de aquel año. López Obrador decidió favorecer a la ya exconvicta Gordillo, unir fuerzas con el controvertido líder de los mineros Napoleón Gómez Urrutia e incorporar a su gabinete a un antiguo funcionario de Fundación Azteca, Esteban Moctezuma; asimismo integró al repudiado Manuel Bartlett a la Comisión Federal de Electricidad.


Incorporar al exgobernador de Puebla, presunto artífice de la célebre caída del sistema electoral en 1988, gracias a la cual resultó vencido Cárdenas y vencedor Salinas, ha sido de las decisiones más criticadas del sexenio. López Obrador prometió acabar con la corrupción teniendo en su equipo de trabajo a alguien que treinta años después se vio inmiscuido en polémica por la posesión de varias casas a nombre de su pareja sentimental.


Lo mismo sucedió con el analista político John Ackerman y su esposa, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval. Las cinco casas que compraron a lo largo de nueve años y el terreno que les fue donado se convirtieron en la comidilla de la oposición panista, que no se ha caracterizado estos dos años por su solidez argumentativa. Hace nueve años, los Ackerman-Sandoval comenzaron sus inversiones en bienes raíces, pero recordemos que el gobierno en turno solamente lleva dos. Cabe esperar una detallada investigación al respecto por parte de los periodistas.


Extraño a ese López Obrador del 2012, me he preguntado varias veces si él imaginó ganar por tal margen y decidió atraer a su partido a personajes execrables, o si es que, al no concebir ni en sueños un porcentaje tan alto de votantes, no se atrevió a arriesgar los resultados de la elección.


Si bien es claro el esfuerzo por perseguir la corrupción de sexenios pasados a través de personajes como Lozoya, García Luna o Murillo Karam, AMLO reintrodujo a gente que está altamente ligada con el antiguo régimen y las formas de hacer política de los sexenios anteriores. La corrupción no se ha ido, los corruptos siguen en el poder. La asignatura sigue pendiente y me siento temeroso de lo que vaya a ocurrir si no es posible cumplirla. El mexicano decepcionado es capaz de cualquier cosa.

 
 
 

Comentarios


¡Sigue a Epílogo!
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon
  • Black Facebook Icon

Revista Epílogo © 2016

bottom of page