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Detener el tren para que otros suban

  • Orígenes Romero
  • 20 ago 2020
  • 3 Min. de lectura


Revictimizar o re-visitar un caso en busca de justicia, son dos de las perspectivas posibles gracias a las redes sociales. Hace algunos día fue publicado el video grabado por las cámaras de los uniformes que portaban aquellos oficiales que participaron en el asesinato de un hombre de Minnesota hace unos meses, algunos volvieron a hacer hincapié en que el oficial no hizo caso ni siquiera a sus compañeros cuando le sugerían un cambio de posisión. No voy a mencionar su nombre, pues caería en la revictimización, pero todos conocen el caso que cimbró al mundo hace poco.


El problema de las drogas no es mexicano, es mundial. Y no, no son criminales por drogarse. Un hombre negro en Estados Unidos murió, su autopsia reveló ahorcamiento, positivo por fentanilo y reciente infección por COVID-19. ¿Qué pasa cuando en un solo hombre se juntan tres pandemias? El problema del racismo sigue vigente y es mundial, el coronavirus ha causado estragos, las drogas igual.


¿Podemos culpar a China por consumir carne de murciélago y vivir en hacinamiento? No, es la consecuencia lógica de un sistema económico opresivo y desigual. ¿Acaso podemos culpar a alguien por drogarse? Tal vez, pero no criminalizarlo. No deberíamos simplificar todo entre buenos y malos. ¿Podríamos decir que, si alguien no se droga, pero es racista tiene una moral ejemplar? Ciertamente no.


Vivir en Estados Unidos, ser pobre, negro, desempleado y drogadicto conlleva a pensar las cosas en términos de interseccionalidad, es decir, reflexionar acerca de los cruces que condicionan o definen la situación de vida de un ser humano. Muchos son oprimidos y ni siquiera se percatan de ello. Pueden ser oprimidas las mujeres, los niños, los adictos, los pobres, los negros o cualquiera que se encuentre en una condición de subordinación.


Una cuarta pandemia enmarca todas las demás: la violencia. Violencia epistémica, violencia de género, violencia contra la niñez, violencia contra la salud, violencia económica y un largo etcétera. Entonces, ¿el hombre de Minnesota era malvado? Ciertamente no. Podríamos, sí, llamar “malvado” a su asesino, pero no iríamos más allá. Conviene repensar, volver sobre los pasos.


Hay violencia detrás y delante de las drogas. Por detrás muchos mueren por producir o no querer producir droga, por traficar o no querer traficar, incluso por estar o no estar consumiendo. Alguien puede morir de una sobredosis, o puede morir por culpa de alguien que tenga una sobredosis. Hay negocios al frente y atrás de las drogas: grandes capos o empresarios que se benefician directa o indirectamente del negocio.


Tal vez la única constante por debajo sea el despojo. Capitalismo o no. Bien existen dictaduras disfrazadas de izquierda, donde una minoría ejerce violentamente un despojo sobre otros. Bien existen voraces empresarios disfrazados de ovejas que absorben el producto del trabajo de obreros mal pagados. Las lógicas de la violencia imperan siempre en condiciones desiguales: alguien con más dinero, más poder o más armas le quita algo a otra persona; bien puede ser dinero o hasta la vida.


En Minnesota ocurrió, sin duda, un caso de imprudencia y abuso. No olvidemos eso. No busquemos criminalizar a los despojados. Y no digo que por ser pobre no debas ser juzgado, bien puede alguien en condiciones de pobreza tomar un arma y despojarle de la vida a alguien. Pido criminalizar el despojo, el abuso.


Pero también pido reflexionar las violencias. Son muchas y no tienen nada que ver con una dicotomía entre bien y mal. El futuro no existe, se va forjando desde el presente, no hablo de desarrollismos, hablo de descubrimientos. Pensemos en términos de vacunas: necesitamos ir generando vacunas contra las opresiones. Detengamos la marcha del tren para que otros suban, la solidaridad es imperante en cualquier sociedad, no podemos decir que está bien que alguien muera en un arresto solamente porque usa fentanilo.

 
 
 

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