Apunte Semanal presenta: 24 de Diciembre
- Marco Sandoval
- 21 dic 2021
- 3 Min. de lectura

Déjame contarte algo hoy que es tu cumpleaños. Cuando yo era pequeño era un niño bastante consentido, demasiado. La temporada navideña no significaba para mí más que recibir regalos en navidad y en día de reyes. Los recibía de mis papás, de mis abuelos de algunos tíos y personas cercanas a la familia. A muy temprana edad descubrí, no tan accidentalmente, que no eran Santa Claus ni los Reyes Magos quienes traían estos presentes, sino los mismos adultos quienes los entregaban, por lo que empecé, no muy discretamente, a sugerir que me gustaría recibir. Aún hoy en día lucho personalmente con esta faceta de mí, que se ha replicado en otros aspectos de mi vida de adulto.
Volviendo a lo que quiero contarte, un 24 de diciembre hace veintitantos años, obtuve un regalo inesperado, tanto así de inesperado que por muchos años no lo percibí como un presente. Recuerdo exactamente el día que llegó, recuerdo que mi abuela me compró un pastelillo con parafernalia de la primera o segunda película de Toy Story mientras esperábamos fuera de un hospital. Contrario a lo que recién expresé, ese día lo recuerdo como un día feliz. En cuanto llegamos a casa y varios conocidos de mis papás llegaban a visitarte yo gritaba eufórico ¡Esta es mi hermana! ¡Esta es mi hermana!
Conforme fueron pasando los eternos días de niñez, haciéndose meses y después años, lentamente comencé a sentir que ya no era tan consentido como lo fui alguna vez, hago énfasis en sentir ya que un niño no suele reflexionar mucho sobre sus pensamientos. Lo que antes era elogios y regalos por parte de quienquiera que me rodeara comenzó a escasear hasta, en ocasiones, ser únicamente una mera presencia, un fantasma de mi niñez dentro de mi propia niñez.
Ese fantasma fue creciendo poco a poco, alimentado por mi propio ímpetu y carácter. A penas entrando en mi pubertad, entre el mar de hormonas, dolores efímeros y juveniles, el fantasma ya era un monstruo enorme y terrible, lleno de rencor contra la gran enemiga que me había robado mi niñez la cual, infantilmente, encarné en ti. En aquellos días no lograba entender lo difícil que era, y es aún, el mundo para ti. Mucho menos podía ver y escuchar como tus ojos y oídos lo hacen.
Sin embargo, en años recientes, acompañados de que el furor de mi adolescencia se encuentra, para mí, algo a distancia ya, encimado también con las tormentas y cumbres que llega a presentar la vida he logrado ver más allá de mis propios fantasmas y he encontrado muchas veces en tu ejemplo la manera de sobrellevar mi adultez. Tú has tenido que luchar por tu propia vida desde minutos antes de nacer, todos los pasos que yo he dado tú los has dado, muchas veces con el doble o triple de esfuerzo, has enfrentado dolores y vicios de este mundo, y sus gentes, mucho más fuertes que yo, has superado hasta el día de hoy todo lo que la vida te ha presentado y aún con todo eso jamás has dejado de entregar tu corazón a quienes te quieren, aman y procuran, y también a los que no. Has logrado todo esto sin perder jamás tu esencia.
Estás a punto de terminar tus estudios de universidad y próxima a comenzar a andar tu adultez, hoy en vísperas de navidad el mejor regalo que te puedo otorgar son mis palabras y consejos como hermano mayor, y el mejor consejo que atino a dar en este momento es que sigas siendo tú.
Y que gran coincidencia que hoy sea cumpleaños porque en esta navidad y en todas las que hay por venir, para mí, no existe mejor regalo que tú. Te quiero hermana.
Comentarios