Apunte Semanal presenta: Dueños de nada
- Marco Sandoval
- 1 jun 2022
- 4 Min. de lectura

Si hace un año me hubieran dicho que el 28 de mayo el Real Madrid se coronaría nuevamente en la máxima competencia de clubes de fútbol a nivel internacional, ni de broma lo habría creído. Espero no se malentienda, especialmente por yo ser un fanático del equipo, que no viera potencial en sus jugadores o en su técnico, pero en aquellas fechas se vislumbraba más una época de transición, una en la que los héroes de épicas pasadas, Kroos, Modric, Marcelo, Benzema, pasarían la batuta al ya también experimentado Casemiro, con la finalidad de guiar a nuevos jóvenes a nuevos triunfos.
Al equipo sólo llegó un jugador de renombre, Alaba, casi veterano y héroe de mil batallas en otro poderoso de Europa: el Bayern de Munich. Además, llegó el juvenil Camavinga como un proyecto a futuro. De hecho, el paso por la Champions comenzó justo como empiezan los períodos de transición, con un Madrid, ahora rebosante de jóvenes, guiados por los veteranos, perdiendo contra un muy humilde Sheriff de Tiraspol, el famoso equipo sin país.
Conforme avanzó la temporada, también el equipo se afianzó, otro de los noveles, Vinicius Jr., fuertemente criticado en el pasado, comenzó a explotar calidad, guiado por un Benzema de 34 años que se encaminaba a tener la mejor temporada de su vida en cuanto a récords personales se refiere, y quien hoy puede serconsiderado como el mejor jugador del planeta.
El equipo se terminó de afianzar en fase de grupos, incluso avanzando como primer lugar, sin embargo, aún dejaba espacio a muchas dudas. Apenas en octavos de final ya se tenía que enfrentar contra el millonario París de Saint-Germain, uno de los nuevos ricos de Europa, emanado de los petrodólares. Los partidos de ida y vuelta se juegan a 180 minutos, 4 tiempos de 45 minutos. Con seguridad puedo decir que el PSG de Messi, de Mbappe, di María, Neymar y una extensa lista de nombres propios, pesos pesados, hizo un partido perfecto durante 135 minutos, al final del primer tiempo del partido de vuelta tenían una ventaja de 2-0. Hasta que se toparon con un Benzema en estado de gracia. El primer gol de la remontada se lo fabricó presionando al portero para incitar el error, a partir de ahí el París se desmoralizó a niveles completamente desconcertantes, terminando con un global de 3-2 en el que Karim había convertido 3 goles en una sola noche. Recuerdo en la transmisión de Marion Reimers, mencionó lo que se convirtió en el modus operandi del Madrid por el resto de la campaña: "esta es una victoria de la aristocracia del fútbol, encabezada por el Real Madrid, sobre la nueva burguesía, el dinero viejo sobre el dinero nuevo".
El Madrid lograría hacer lo mismo contra el Chelsea, equipo hasta hoy propiedad del oligarca ruso Roman Abrahamovic. Nuevamente el último giro de tuerca de la historia se daría en los minutos finales. Contra el Manchester City, otro equipo que obtiene la mayor parte de sus ingresos del petróleo, considerado por muchos como el mejor equipo del mundo, el City sufriría el mismo destino de desesperación que el PSG, acrecentado aún más, al recibir 2 goles después del minuto 90 reglamentario para finalmente perder en el tiempo complementario.
El día de la final fue a penas el sábado pasado, el partido tuvo unos minutos de retraso debido a problemas con la hinchada, eso me permitió llegar justo cuando los seguidores del Real Madrid cantaban a todo pulmón el más reciente himno del equipo. Hace mucho que un evento no me erizaba la piel por tan largo tiempo. Escuchar esto me hizo saber que el Madrid iba a ganar la final contra otro de los aristócratas del fútbol, aún con su origen obrero: el Liverpool de Inglaterra.
Mucho se ha estado hablando, desde el análisis fácil, de que el Madrid ganó esta Champions de milagro en milagro, gracias a su “mística”, de las noches de inspiración con Benzema anotando tres goles, del casi poético pase a tres dedos de Modric, de la aparente omnipresencia de Courtois en la final. Precisamente el partido de la final es una muestra clara del juego que plantea el técnico, Carlo Ancelotti y ejecutan los integrantes del equipo. Primero hay que dejar claro lo obvio: los jugadores son humanos, y solo son capaces de realizar proezas humanas. Segundo, Ancelotti es un técnico con toda la experiencia del mundo, por algo ha logrado ser campeón en todas las ligas top de Europa y es actualmente el técnico con más Orejonas en su haber. Aparentemente en la final el Liverpool dominó el partido, pero en las estadísticas puntuales se puede observar que fue el Madrid el que ganó desde la estrategia. Comencemos desde la proverbial actuación de Courtois: realizó varias atajadas en el partido, paró todas las pelotas que se podían parar, esto porque las indicaciones a la defensa fueron claras, no dejar que los laterales del Liverpool estuvieran cómodos. De hecho, en todo el partido solo hubo dos disparos con el arco abierto y fueron a favor del Madrid, ambos acabaron dentro, uno anulado y otro válido. Pasando al medio campo, el tridente Casemiro-Kroos-Modric estuvo a la altura de su propia leyenda, en porcentaje hicieron menos pases que su contraparte inglesa, sin embargo, en proporción, realizaron más pases hacia adelante. Finalizando con el ataque, algo curioso es que hubo 0% de aproximaciones por la banda de Vinicius Jr., cuando esta banda suele ser la más explotada, concretando el punto fuerte del fútbol del Madrid de atraer para lastimar, incluso el gol del triunfo llegó así, todo el juego de ataque se cargó por el lado derecho, jalando la marca de la defensa inglesa para dejar a Vinicius, solo, frente al arco.
Toda la épica relatada anteriormente fue realizada por humanos. Cuando el campeonato era ya una realidad, me quedé pensando, ebrio ya de cerveza y alegría, en que el despliegue de fortaleza e inteligencia humana que acababa de ver era para nada, sin sentido, la Orejona es una copa vacía, en virtud no se ganó nada, el triunfo no va a trascender más allá del recuerdo. Estos jugadores se convirtieron en dueños de nada.
No obstante, creo que ahí es donde radica la belleza del deporte, del fútbol mismo al ser el más popular del mundo. Lo hermoso del fútbol radica en el valor subjetivo que el ser humano le puede dar a sus creaciones, en cómo una copa vacía se puede llenar de tanta memoria, emociones, sudor, esfuerzo, pericia, experiencia, incluso las proezas del perdedor caben ahí.
Eso representa el fútbol.
Comentarios