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Apunte Semanal presenta: En el nombre de mi madre, de mi hermana y de mi espíritu feminista, Amén

  • Citlali Ximena
  • 8 dic 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 12 dic 2021


Señora, hoy levanto mi oración esperando que puedas escucharla, te agradezco por mis palabras que no fueron desechadas, por las veces que no fui interrumpida por un hombre para que me explicara un tema que ya conocía, por las veces que caminé a salvo, y todas las salidas y regresos en que tuve la suerte de salir viva, te doy gracias madre mía por llenarme el corazón de bondad para con mis hermanas, mi madre, mis abuelas, mis tías, mis primas, mis sobrinas y todas las mujeres que no me han agradado a lo largo de mi vida, por unirme poderosamente mediante un lazo a todas aquellas que no he conocido aún, las que no conoceré, y las que pasaron por mi vida. Oh Santísima, encarecidamente ruego que te unas a nuestro grito, para que aquellos que se hacen llamar tus hijos nos dejen vivir (sin golpes, sin toqueteos, sin miradas lascivas, sin abusar de su poder, sin manipularnos, sin asfixiarnos, sin ahogar nuestro ser, sin empequeñecernos, sin dejarnos de lado, sin sexualizarnos, sin deshumanizarnos) -en paz, y de tu mano crear un mundo mejor para las que nos seguirán.

Dios te salve María, llena eres de gracia. Oigo a mi madre rezar cuando cierro la puerta camino al trabajo. Sé que pide por mí, porque su hija vuelva a entrar a pie por esa puerta y no en una bolsa. Sé que en ti busca consuelo porque entre mujeres nos entendemos; sabe que antes de ser santa fuiste madre, sabemos que nosotras somos nuestro último lenguaje secreto. Decirnos entre oídos femeninos es el único lugar secreto.

El señor es contigo, esperando que sea Dios y no aquel sujeto que pasé hace tres calles y sigue detrás mío, deseando que también esté con la chica que intenta bajar su falda dos centímetros porque pican las miradas, y con la señora que intenta zafarse de su compañero de trabajo que quiere seguir agarrando su espalda; mantente junto a la chica en la parada esperando que el camión no venga vacío y con la niña que se rehúsa a dejar que su amigo de infancia le pegue "porque le gusta". Sé que Jesús al ser hombre denotará más autoridad que cualquiera de nosotras, y a él sí lo verán, y será él quien pueda zafarnos de ahí porque a los ojos de aquellos es el único que tiene capacidad.

Bendita eres entre todas las mujeres a ti que no te tocan, que no te roban, ni te violan, ni te ultrajan, a ti que no te parten en pedazos hasta que seas polvo para que desaparezcas con solo sacudirse el pantalón, a ti que te respetan, te rezo encarecidamente para que a tu ejemplo traten a mi hermana, a sus amigas y a las mías, expectantes a su palabra sin atreverse a acercarse de más. Ante ti siempre buscan quedar impunes, verse bien, por eso enfrente tuyo no serán responsables de la sangre que cae de sus manos; no caigas en sus falsas confesiones, ni en sus rotos rosarios, así como cada día caemos nosotras.

Y bendito es el (deseado) fruto de tu vientre, Jesús. Desde aquí en la tierra te pido que nos visites no solo en los hospitales, así como a ti te visitaba Santa Ana, visítanos en las planchas de las clínicas clandestinas, en las puertas de orfanatos donde dejamos a nuestras hijas llorando, visítanos en nuestros embarazos fallidos, y en nuestros matrimonios carcelarios, visítanos a los 30, a los 40, a los 50, con el corazón en la mano esperando que sí regresen nuestras niñas a comer.

Santa María recuérdales a los hombres que eras capaz de expresarte, de reírte, de gritar, de enojarte, y que eran parte de ti todos los "desagradables" procesos de ser mujer, regresa a su memoria que tu vasta fortaleza era parte de ti, y que nos la heredaste, que no nos encomendaste sentarnos calladas e inmóviles, que antes de Santa eres mujer, no polvo, con todo y tu espíritu. Tú que peleaste por José y por Jesús, enséñanos a luchar con fuerza y sin miedo, por nosotras mismas y nuestras propias vidas, que en este México feminicida resulta ser lo que requiere más valentía.

Madre de Dios, que hiciste de los apóstoles tus hijos y que nos sigues abrazando con amor maternal, llora por nosotras cuando no estemos, y alimenta nuestras voluntades, pide por tus hijas, no te olvides de las que hemos sido apedreadas sin razón, que en cualquiera de nuestras acciones somos castigadas y humilladas, limpia nuestros rostros y confórtanos antes de despertar en otro día de violencia.

Ruega señora por nosotros los pecadores, perdónales tú sus crímenes a quienes nos persiguen con hachas y machetes, a quienes nos acechan en la noche y nos dejan el puño marcado en la piel porque, Señora, nosotras ya no podemos seguir haciéndolo.

Ahora y en la hora de nuestra muerte que nos respira en la nuca cuando cruzamos la calle, cuando tomamos un taxi o cuando cerramos las piernas en clase. Y que no te sorprenda si es a manos de los que tú nos pediste considerar nuestros hermanos.

Amen.


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