Apunte Semanal presenta: Feliz cumpleaños
- Citlali Ximena
- 19 may 2022
- 3 Min. de lectura

Hoy me senté en la silla de mi peluquera para que me cortara el cabello, me había decidido a dejarlo largo pero cambié de opinión cuando la gente empezó a insistirme en dejarlo largo. Me saludó cuando me vio entrar por la puerta en el reflejo del espejo, estaba ocupada peinando a una niña vestida preciosamente en color azul pastel, le tomó unos minutos arreglarle los moños a juego y se despidió de ella con una sonrisa.
Resulta ser que iría a una fiesta de cumpleaños ese día y quería lucir muy bonita. Mientras mojaba mi cabello y acomodaba el material me contaba que la semana próxima su nieto cumpliría 6 y estaba muy entusiasmada por hacerle un pastel de cumpleaños como acostumbraba hacer para todos sus hijos y después sus nietos. "Los de mi hija Adriana siempre eran de chocolate, pero a mi hijo Toño no le gustaba el pastel, y cada cumpleaños me tenía pariendo chayotes pensando en un postre diferente", me sentí muy cálida al escuchar un pedazo de vida de aquella señora y sus dos hijos.
Mi melancolía se interpuso y mientras sentía la navaja a lado de mi oreja recordé la primera vez que experimenté esta sensación, el suave zumbido de la máquina pasando por mi pelo. Y aquello también me hizo recordar a mi abuelo, en quien he estado pensando mucho las últimas semanas, y como se rasuraba cada mañana sin falta.
Era un hombre muy pulcro, cuando se levantaba se lavaba la cara y se rasuraba antes de desayunar o vestirse, jamás le vi más que el rastro de barba que se esparcía como mancha gris por su cara en sus últimos días cuando no podía rasurarse el mismo cada mañana, ese medio milímetro fue el mayor largo que pobló la cara de mi abuelo.
Curiosamente a ninguno de mis tíos les gusta dejarse la barba, solo a mi papá, que la mantiene en ocasiones porque me gusta, una pequeña mancha negra, blanca y plateada que rodea su boca. Recuerdo la última vez que vi a mi abuelo mientras salía de su casa y me despedía de nuevo agitando mi mano hacia él sentado en el sillón, completamente rasurado por mi tía esa misma mañana.
El domingo hubiera cumplido años, probablemente 84, pero para ser sincera no lo recuerdo con claridad. A donde sea que esté descansando, cada año le mando abrazos y mi corazón. Me ha tenido pensando en las personas que cumplieron años a lo largo de este y los otros meses, a quienes no he felicitado pero siempre recuerdo la fecha; no sé qué me impide decirlo en voz alta, aunque la fecha resuene en mi cabeza no puedo hacer más que enviar calidez en silencio, se reproducen como efemérides en mi cabeza, las mamás a quién admiro las recuerdo el 10 de mayo, a la mamá de mi amigo, que falleció el 5 de mayo y de quien siempre recuerdo su aniversario pero nunca me atrevo a acercarme a él y mandarle mensaje, a mis dos amigas que cumplieron años consecutivamente la semana pasada.
Cuando me paré antes de irme, le pregunté a la señora cuándo era su cumpleaños y lo anoté en mi teléfono. Aún falta tiempo y ni siquiera sé si le externaré que me acordé, pero a ella, a las personas que mencioné y a todas las demás de las que recuerdo sus cumpleaños y nunca lo digo, alguien afuera en el universo les manda calidez cada año sin falta.
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