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Apunte Semanal presenta: Mis rizos, mi identidad

  • Guadalupe Guillén
  • 12 ene 2022
  • 2 Min. de lectura

Cuando era niña y vi por primera vez la película “El diario de una princesa”, hubo una escena que me marcó de manera inmediata: Mía, la protagonista que recién se enteraba que era princesa de una nación, tenía que empezar a comportarse como alguien de la realeza y dentro de esa transformación, su estética no tenía que quedarse de lado, así que rápidamente y sin dudarlo, su cabello crespo fue alisado, completando así su proceso para ser alguien bonita y con clase. ¿Era requisito para ser una princesa bella seguir los pasos de Mía y renunciar a mis rizos?


Esta no fue la única vez que dudé de mi cabello rizado; mientras crecía, desde la primaria hasta la preparatoria escuché varios comentarios por parte de las y los profesores, directores y académicos en general: “ya péinate, ¿en tu casa no hay cepillos?, te ves mal, luces desarreglada” y acto seguido mi madre procedía a relamerme la cabeza con toneladas de gel hasta quedar presentable para las instituciones escolares.


Poco a poco me di cuenta de que todas las mujeres que tenían el cabello rizado igual que yo sufrían de los mismos comentarios. Sí, de vez en cuando nos elogiaban diciendo “qué bonitos chinos, qué loco tu cabello, qué exótica”, pero a la vista de todos y a pesar de los cumplidos seguíamos teniendo un cabello “informal y despeinado”. En las fotos oficiales, cuando teníamos presentaciones, cuando salíamos de gala siempre se repetía un patrón: había que alisarnos el cabello para poder lucir arregladas, formales, dignas de la sociedad.


En redes sociales actuales como Tik Tok comencé a ver muchos videos e informes sobre los diferentes estilos de moda en el cabello de mujer, siempre buscando ser más rubio y más alisado. ¿Qué era lo que estaba sucediendo y por qué había cierto rechazo hacia los rizos? Revisando literatura me di cuenta de algo, en toda Latinoamérica y el mundo existe una tendencia a denigrar los cabellos rizados, las pieles morenas, los labios grandes y todo lo que tiene que ver con ser una mujer afrodescendiente. En resumen, estas características han sido denigradas por una sociedad altamente racista que ve como ideal distintos estándares de belleza occidentales como las narices pequeñas, el cabello liso y rubio, etc.

Una vez que entendí el contexto de mi cabello decidí comprenderlo y reapropiarlo como parte de mi identidad. En ese proceso me topé con el método Curly Girl, que básicamente explica cómo cuidar los rizos de manera saludable, a la par de esto me uní a varios grupos de Facebook en los cuales encontré una comunidad de personas que abrazaban a sus rizos y entendían los problemas que alguna vez sufrí por ellos. Hoy solo me queda decirle a mi niña del pasado que ese cabello despeinado e informal del que todos hablan es parte de ella, que no ceda ante los comentarios y que aprenda a quererlo ya que es una de las cosas que la hacen bella.


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