Apunte Semanal presenta: Soledad en el mar
- Fátima Aguilera
- 16 feb 2022
- 3 Min. de lectura

La marea llega hasta mi pecho, siento el aire frío, veo la palidez de mi piel y el frío desgarrador ha abrazado mi pequeño cuerpo, al punto de paralizarme. Encuentro en mí una piel completamente cansada de luchar. Un cuerpo físicamente funcionando a la perfección incluso es estético, pero totalmente muerto por dentro. Se asemeja más bien a un cadáver que realiza acciones rutinarias.
Se escucha el sonido del mar, no hay destino, ni tierra, ni en los pies se siente la arena, solo una marea intensa, todo es sombrío y escucho el sonido de una tormenta fuerte. Tengo más miedo que nunca.
Jamás creí haber estado dentro del mar, creía que estaba en la playa donde están la mayoría, fingía estar en la playa, sentía comer, vivir, respirar incluso reír profundamente en la arena, tenía un antifaz en los últimos meses y estaba completamente sedada en medio del océano. Cuando desperté, todos me habían soltado, me dejaron en medio del mar sombrío donde solo alguien me brindó un fuerte abrazo y sí, fue la depresión.
Donde ya no había venda en los ojos, pero sí una profunda oscuridad y un temor como nunca antes lo había experimentado. Un vacío que ni las mejores risas habían llenado, un lugar donde los sueños se habían desmoronado. Y todo, sin darme cuenta.
Estoy muerta, muerta pero con vida. En un cuerpo que ya no es el mío. Se esfumaron mis metas, destinos, vínculos: hoy sólo existe un océano abundante de desesperanza, de enojo y frustración. ¿Por qué a mí ? Yo no me puedo dar el lujo de tener depresión. Yo no me puedo dar el lujo de estar sola aquí en la marea intensa, que poco a poco está acabando conmigo, matándome, es más ni siquiera merezco este tiempo de vida mientras otros luchan por ella.
¿Cuándo fue que entré aquí? ¿Cuánto tiempo tuve ese antifaz que llenaba de risas? ¿En qué momento le abrí las puertas a la depresión? ¿Por qué no busqué ayuda inmediatamente? Para solo salir de la orilla del mar y no de la total profundidad que ahora me sucumbe, estaba completamente cegada y esta depresión maldita poco a poco me carcomía; cuando se apoderó de mí lo hizo silenciosamente, como el mejor de los enemigos.
Se llevó mis ganas de hacer lo que antes me hacía sonreír, me arrebató a mis amigos, se robó mi energía, mi amor, mis ganas de salir adelante y me despojó por completo de mis ganas de vivir. Esa maldita se ha llevado todo. Y yo siento la profunda culpa, por no haberme percatado de que estaba ya muy dentro de mí, la culpa de no saber que algo me consumía, que la depresión silenciosamente me hundía.Y la humillación de estar sola, aquí.
Pero entro, me sumergí en el fondo del mar y de aquí no creo salir.
Todo es sombrío, oscuro, vergonzoso, tenebroso. Soy culpable de tenerlo todo y no ser lo suficientemente capaz de disfrutar, de la tristeza que me acecha, el sentir la soledad que me cala hasta los huesos.
La desesperanza que me derrumba, sólo es de noche, nunca hay luz, ni vida, todo es oscuridad profunda y tormenta.
Un tocar fondo del que probablemente jamás saldré, un mar que en pocos días me consumirá. ¿Y si me consume? Qué más da, si ya estoy muerta por dentro.
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