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Apunte Semanal presenta: Un amor, una mujer y miles de muertes

  • Marco Sandoval
  • 9 feb 2022
  • 3 Min. de lectura

En noviembre del 2021, por alguna razón, me propuse escribir un breve resumen, traído a la actualidad, sobre el compendio de Schopenhauer titulado El amor, las mujeres y la muerte, sin embargo, han pasado a penas tres meses y siento haber envejecido treinta años. A penas me interesan ya los temas “trascendentes”, “la condición humana” y demás entreverados intelectuales, así que decidí, mejor, contar dos sucesos que viví en tiempos recientes, desde noviembre para ser exactos, y una reflexión.


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I. Un amor

He vivido en varias ciudades de México, una de ellas es Zamora, en Michoacán. Aquí fue donde acudí a clases de inglés todos los sábados durante mis años de primaria y secundaria, también ahí estudié la preparatoria. Hace tres años me mudé a vivir a Ciudad de México por lo que no suelo regresar a menudo. Cerca de las fiestas navideñas visité a mis padres, siempre me es grato verlos después de algunos meses.


El día de mi llegada hice una parada para dejar a mi novia en Morelia con su familia, por lo que se hizo algo tarde. Arribé a Zamora aproximadamente a las 11 p.m. En el camino hablé por teléfono con mi papá y acordamos ir a cenar a una taquería que es del gusto de toda la familia. Recuerdo que al entrar a la ciudad sentí desazón, náusea y melancolía.


Esto lo siento cada que regreso, ya que realmente me rompe el corazón ver la ciudad, tan temprano, casi vacía, en especial cuando recuerdo que en los años de preparatoria era bastante diferente. Solía ir con mis amigos, todos unos niños, pensando que ya éramos adultos, a tomar alcohol barato detrás de un cine, también acudíamos a fiestas caseras o simplemente paseábamos por la ciudad. En todas estas andanzas estaban todos los jóvenes de mi edad. Adolescentes viviendo, siendo adolescentes por las calles, viviendo la noche.


Durante la cena, mi papá comentó que apenas el día anterior habían “levantado” a un taxista y a su pasajero: un jugador de básquetbol proveniente de Sinaloa.


Todas las ciudades en las que he vivido me han marcado y de todas me he enamorado apasionadamente. Zamora es uno de esos amores, lamentablemente hoy está en decadencia, desafortunadamente hoy ya no te abraza y te embriaga por las noches. Zamora ya envejeció, igual que yo pero, para mala fortuna, no le sentaron bien los años.

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II. Una mujer


En Zamora aproveché para hacer un poco de ejercicio. Me gusta andar en bicicleta, especialmente en el campo. En uno de esos paseos tuve que cruzar una zona periférica de la ciudad que hoy es famosa por los tiroteos que suceden cerca, así como los constantes cadáveres encontrados en sus alrededores. Nuevamente surgió la náusea y la melancolía.

Resulta que un día, del cual no recuerdo la fecha exacta, cuando tenía dieciséis o diecisiete años pasé, también en bicicleta, por esa ruta, junto con mi novia de ese entonces, la mujer que amé. Recuerdo haber estado profundamente enamorado, como solo un adolescente puede estarlo, me gustaba bastante su cabello y cómo olía detrás del cuello.

Ese paseo, claramente, tenía intenciones diferentes al ejercicio y el cuidado del cuerpo. Con el tiempo me di cuenta de que no fuimos ni la primera ni la última pareja que anduvo por ahí disfrutando la juventud.


Este recuerdo, mayormente agradable, abundó en mi cabeza por cinco minutos, hasta que se entremezcló con el uso actual de la zona. En el mismo lugar se cambiaron las intenciones aparentemente prohibidas de montones de adolescentes por las intenciones claramente prohibidas de adultos.


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III. Miles de muertes


Tan solo Zamora y Jacona, dos ciudades separadas únicamente por una avenida, concentran el 50% de los homicidios dolosos en Michoacán, ocupando el deshonroso primer lugar en cuanto a ciudades violentas del país se trata, con una tasa de 181 homicidios por cada 100 mil habitantes, incluso ocupando los podios más altos a nivel mundial.


A pesar de que en esa ciudad veo a mis papás, a mi hermana y a mis amigos, todos seres amados y también de los recuerdos agradables que guardé y rememoro cuando la visito, entristezco demasiado cada que voy a Zamora. Hoy es el diente más grande de la moledora de carne humana que es México.

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