Epílogo del pecado original
- Prisilla Carbonell
- 29 ago 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 31 ago 2021

*El presente texto es una aportación directa de Lilith, la mujer de nadie.
En una zona muy escondida de la mente de alguna mujer, existía una casa donde habitaban el mismísimo Satanás, que se dedicaba a la pintura y Eva como su acompañante.
Eva miraba a sus espaldas, hacia los lúgubres y juguetones trazos que dibujan la realidad, estaba cansada. Tal vez fue el dolor con el que parió a cada uno de sus hijos o, a lo mejor, fue el silencio que guardó durante años de soledad, nadie lo sabrá. El caso es que esa noche se escuchó el estallido con una magnitud que solo siglos de ausencia pueden provocar.
Eva cuestionó— ¿Has pensado que todas las noches pintas con los mismos colores el mismo cuadro? — al ver que su compañero callaba, continuó — Desde que te conocí he sido obediente a tu mano, en el lapso de mi existencia he visto cómo la humanidad en la que pintas me ha denigrado. Siendo la primera de tus seguidores jamás recibí recompensa, tengo que soportar el rol que impusiste de innumerables formas. Caminé sola por la calle después de tus arrebatos al igual que a todos tus deseos concupiscentes, mentiste cuando dijiste que no moriría, prometiste que mis ojos serían abiertos cual diosa, sin embargo, no me persuadiste de que comer aquel fruto vendría a significar el dominio total y desmedido de tu virilidad sobre mi ser; aún así ¡Hoy decido dejarte! renuncio a tus cadenas y a partir de esta noche seré la pintora de mi verdad.
Satán continuaba su labor, sin alzar la mirada habló — La humanidad siempre ha buscado alguien a quien odiar pues no mentí: vuestros ojos fueron abiertos y actúan como dioses, conocen el bien y el mal, empero, son incapaces de cargar con el peso de su propia conciencia. Tus contemporáneos se prostituyen por pan, estiran la mano de manera proporcional al tamaño de la hogaza y sin notar que me obsequian la libertad que les costó el Edén. Humana, tu género requiere distracción eficiente que aliviane el peso de tus acciones ¡Ingenua, no hay justificación que puedas imputarme! Dime ¿Cuál de todas las ideas que divagan por tu fémina mente es de autoría propia? ¿Acaso no escapas de una jaula para entrar en otra más amplia? Te garantizo que no sentirás dolor durante el parto nunca más, porque tus hijos no nacerán; El sufrimiento lo tendrás al reproducir ideas ajenas, la contracepción susurrará en tu interior hasta asesinarte. Lo cierto es, que reniegas de mi institución sin darte cuenta de que te mudas a una más grande, con dogmas sobre tu fruto disfrazados de tentativas en busca de reconocimiento. El bautizo es la deconstrucción, el nuevo Dios es mujer y yo mantengo la forma del opresor. —
Incapaz de mirar los nuevos trazos de Satán, Eva cerró los ojos, pero Satanás sentenció — Antes de que te vayas, un recordatorio más; mi pincel por la historia se deslizará para pintar la instigación que a la vida da sentido; el fruto de la tentación que siembro es el ejercicio de la voluntad, considera que la peor de mis semillas es una bendición para el más miserable de los humanos. Puede que esta germine si le das el cuidado adecuado, sin embargo la consecuencia no se hará esperar y separará a padres de hijo o a madres de hijas…
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