top of page

La playa que se cansó de esperar

  • Citlali Ximena
  • 24 ago 2022
  • 4 Min. de lectura



En mis años de juventud, después de haber dejado la universidad y la casa de mis padres sentía que la vida me iba a durar para siempre, y recuerdo haberme dedicado únicamente a dos cosas durante los primeros seis meses: la primera, frecuentar a mis amigos todo el tiempo, y la segunda: leer ávidamente cualquier cosa que cayera a mis manos.

En una reunión tuve un extraño momento de lucidez; como si pudiera ver el futuro, me imaginé mirando el horizonte más allá del mar, en una playa que jamás he pisado tonos rosados y morados besaban el agua y podía escucharlo todo. Probablemente fue producto de mi imaginación o de una fuerte calada, pero de cualquier manera esa imagen se quedó conmigo para siempre, y yo trataba aquel peculiar pedazo de información como una predicción.

Hoy caminando a casa he escuchado en la radio de algun local “Candilazo de Carnaval al amanecer de hoy, en la playa de Gavà”, la presentadora continuó explicando que el Candilazo es como se le conoce al fenómeno meteorológico que pinta el cielo de tonos rojos, naranjas y rosados. Como una chispa encendida la imagen de mí en la playa llegó a mi mente y recordé con precisión algo que antes no había acompañado el imaginario de aquel cuadro: Emma.

Justo después de haber tenido lo que denomino una visión, le conté a una amiga cercana que se encontraba conmigo aquella noche, ella fue la única que creyó en esta mística aparición del futuro ante mis ojos, y me urgió a visitar tantas playas como pudiera para que descubriera lo que el universo quería decirme, me dijo que sólo debía escuchar atentamente.

Emma y yo seguimos frecuentándonos hasta que el trabajo nos sobrepasó y la nueva vida que llevábamos nos impidió vernos; después de un tiempo dejamos de recibir noticias sobre el otro. Recordar aquella historia me puso nostálgico y sentí que de alguna forma le debía a ella más que a mí el visitar la playa y ver si ese era el lugar que me había estado esperando. Después de todo, fue Emma la razón por la que había llegado a Barcelona en primer lugar.

Del otro lado de la Playa de Gàva se encuentran las islas Baleares, si miro fijo al horizonte casi puedo verlas. Emma me contó un día que caminábamos por las calles de Madrid, que llegó a vivir en las Baleares, específicamente la costa noroeste de Mallorca, en un pequeño municipio llamado Sóller, a veces ella iba a mirar los atardeceres a Far des Cap Gros, y esperaba a que el mar le trajera un mensaje, aquel punto se convirtió en un estandarte, mirar al horizonte acompañada del faro le trajo una sensación de confort.

Me senté en la arena e intenté concentrarme tanto como pude en mirar hacia aquel faro que me había mencionado, quería que también me trajera confort a mi. Al día siguiente llevé a mi esposa conmigo y le conté la historia de la playa pintada de rosa y de Far des Cap Gros, se sentó a mi lado a esperar, no sé exactamente qué. Me preguntó por Emma, y no supe dar razón de lo que hacía ahora o en quién se había convertido casi veinte años después de haber dejado la universidad.

Camino a casa pensaba en las razones de nuestro alejamiento, éramos unidos y siempre teníamos la casualidad de estar conectados, coincidían nuestros momentos, o pasaban cosas similares en nuestras vidas y era grato verla aparecer inesperadamente. Un día se detuvieron las coincidencias que me parecían tan peculiares y supe que la vida nos había terminado el tiempo.

Llegando busqué en una agenda vieja su número, habían pasado más de 10 años desde la última vez que escuché de ella, así que marqué el número de casa de sus padres sin muchas esperanzas de lograr algo. Me contestó una mujer que no reconocí, al mencionarle que era un viejo amigo que había perdido su número accedió a darme su celular.

El número se quedó sentado en la mesilla de noche mucho tiempo, casi me olvidé de él, hasta que un día tomé el teléfono y marqué. Me contestó al tercer tono, era la voz que recordaba pero no sentía que fuera la misma persona, las cortesías y presentaciones duraron un segundo, me preguntó sobre mi vida y mi esposa. Me sentía tan sorprendido de aquella reconección que la intenté invitar a cenar a mi casa pero ella se quedó callada, en tono nervioso dijo que no podía porque su hija tenía práctica esa noche pero me agradecía.

Emma fue en muchos momentos un misterio para mí, siempre parecía haber una parte de ella que no lograba descifrar, no sabía casi nada de sus padres o sus hermanas, tampoco conocía a muchos de sus amigos del trabajo, era como si hubiera una parte de su vida que me ocultara. Me hizo preguntarme por qué habíamos dejado de frecuentarnos, si se debía a aquel lado misterioso de su persona; busqué las palabras adecuadas e hice la pregunta, "solíamos encontrarnos todo el tiempo, incluso llamabas en los momentos indicados sin saberlo" pero su respuesta me hizo saber que aquel “sin saberlo” fue una subestimación.


"Tú nunca conectabas a la otra línea, solo levantabas el teléfono para recibir la llamada".


Comentarios


¡Sigue a Epílogo!
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon
  • Black Facebook Icon

Revista Epílogo © 2016

bottom of page