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Lightyear

  • Marco Sandoval
  • 29 jun 2022
  • 3 Min. de lectura

La primera vez que vi el tráiler de la película Lightyear se me erizó la piel. Las imágenes que mostraron me parecieron grandiosas y el hecho de incluir una versión donde se prioriza la voz de Bowie en la canción Starman, fue delicioso. Inmediatamente corrí a la habitación contigua a enseñarle a mi novia lo que estaba viendo.


Hace una semana tuve la oportunidad de ver la película en el cine. Acudí ya con cierta expectativa, debido a que vi algunas reseñas breves en YouTube; en específico respecto al tono y temas a los que hace referencia la cinta, por lo que decidí entrar a la función de las diez de la noche y así evitar ruidos de niños llorando porque están aburridos.


Desde los primeros minutos ya se nota que la película está lejos de ser dirigida a un público únicamente infantil, aún si por estar en formato animado pudiera parecerlo. En sus imágenes maneja colores verdosos, grisáceos y cobrizos, asemejándose más a obras de ciencia ficción icónicas como 2001: Space Odissey, Interstellar, la reciente adaptación de Dune e incluso a las precuelas de Star Wars.


A simple vista, el tema principal de la historia es el del hombre en la búsqueda de su sentido en el universo y en cómo en esta búsqueda de la vida y las condiciones ideales para vivirla, se pierde de ella misma. Los creadores logran de manera magistral plasmar esto en una secuencia de aproximadamente diez minutos que, confieso, me hizo llorar como un niño, en la que el personaje principal, Buzz, queriendo enmendar los errores que él cree lo han despojado de su estatus como Guardián Espacial, por ende, el sentido de su vida, la justificación de su propia existencia, se ofrece como voluntario para realizar pruebas de velocidad mayor a la de la luz. En caso de que el amable lector no sea tan versado en la teoría de la relatividad de Einstein, cuando un cuerpo viaja a una velocidad mayor, para efectos prácticos, su propio tiempo se ralentiza, lo que genera algo similar a un viaje en el tiempo hacia el futuro, cosa que se agrava si el cuerpo viaja a velocidades cercanas a las de la luz. Debido a lo anterior el protagonista se pierde todos los acontecimientos importantes en la vida de su ser más querido, incluyendo su funeral, cuando para él sólo han pasado algunos días.


Me parece importante incluir otro de los temas que toca tangencialmente la cinta, y que recientemente he visto en otras películas, no sólo de ciencia ficción, que es la lucha del hombre contra la máquina, siendo que el protagonista constantemente menciona que los pilotos automáticos, sistemas automatizados, lejos de ayudar, estorban. Es claro que el ser humano está plasmando en el cine lo que cree son nuestras últimas gestas heroicas, los últimos despliegues de fuerza física, destreza mental y límites a nuestras capacidades, al comenzar a sentirnos desplazados por estos robots; sin embargo, en el transcurso de la historia de Lightyear, es el mismo protagonista el que termina por desarrollar una profunda amistad con una inteligencia artificial, dando entrada a una próxima humanidad simbiótica con nuestras creaciones.


Sin duda alguna Lightyear no busca expresar nada que no se haya abordado en otras cintas, pero es más que un digno homenaje al cine y literatura de ciencia ficción, y un gran paso en cuanto a lo que se puede lograr en la industria de la animación pop.

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