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Marca Histórica: Rusia y Ucrania, una segunda guerra fría, menos fría

  • Citlali Ximena
  • 27 feb 2022
  • 6 Min. de lectura

Para entender el conflicto actual entre Ucrania y Rusia es necesario entender el contexto de señalamientos, amenazas y fuego abierto entre ambas naciones que ha ocurrido desde 2014. Si bien ambos Estados han sido culpables de picar mutuamente temas de tensión en sus declaraciones públicas, fue hasta el intento de bloqueo ruso a Ucrania para ser parte de la Unión Europea cuando se afilaron los cuchillos.

Este mismo hecho fue respondido con una crisis político social dentro de Ucrania, donde las protestas llevaron a la renuncia del entonces presidente Victor Yanukovich quién el pasado 2019 fue condenado a 13 años en prisión por alta traición tras descubrirse comunicación, durante su período activo, entre él y el presidente Putin a quien le indicaba desplegar sus tropas en Ucrania. Lo que ante el sistema político se considera una falta grave, por intento de complicidad ante una posible ocupación del territorio.

En medio de esta delicada situación Rusia anexó Crimea, la península ucraniana, a sus territorios, encendiendo la chispa en las regiones rebeldes de Luhansk y Donetsk, en conjunto conocidas como el Donbás, que se proclamaron como repúblicas independientes. Crimea se encuentra en el sur del país y tiene un pequeño margen de contacto con territorio ruso, sin embargo este parece ser el primer altercado de intento de ocupación del territorio, aún así ante el sistema internacional pareció no levantar demasiado ruido. Principalmente se cree que fue Rusia quién envió armamento al lado prorruso de la región que inició abiertamente una guerra contra el ejército ucraniano en la zona, desde mediados de la década pasada, y que ha continuado cobrándose ya más de 14,000 víctimas.

Ante la situación, se sentaron a la mesa de negociación las naciones de Rusia, Ucrania, Francia y Alemania en la ciudad de Minsk, Bielorrusia, a buscar un cese al fuego. Ahí nacen los Acuerdos de Minsk en septiembre del 2014, que acordaron un cese inmediato al conflicto, sin embargo ambas partes fueron culpables de romper dicho acuerdo reanudando el ataque bélico, por lo que una vez más en febrero del 2015 se ratificaría el tratado. Parecería incluso que los mismos acuerdos se firmaron como una especie de pantalla, que reflejaba un intento de amistarse, para aparentar bajar la intensidad del conflicto y así evitar la intervención extranjera.

Esta situación ha venido sucediendo desde entonces, pero es en 2019 cuando se ratifica por última vez el Acuerdo de Minsk, el cual ha sido quebrantado de manera obvia por ambas naciones. Las tensiones se acumulan ante los intereses de los Estados, por un lado Rusia concentra parte de sus energías en el Donbás, al que se le emiten numerosos pasaportes, en la esperanza de que pueda utilizarse la protección de los ciudadanos rusos como el boleto de entrada a la región; por otro lado Ucrania se encuentra animosamente participando en prácticas militares en Europa del este junto con la OTAN, de quién espera volverse socio. Las dos naciones seguían con su agenda para asegurar que la balanza del conflicto se fuera hacía su propio lado; Rusia desde entonces estaba a la espera de que cualquier pretexto funcionara como incentivo de ataque para la defensa de los ciudadanos de la región, principalmente ante la intromisión de algún otro Estado, hasta cierto punto puede decirse que contaba con la búsqueda de aliados de Ucrania, pero no esperaba que estos mismos aliados fueran los miembros de la OTAN. Por su lado Ucrania atraía la atención de Estados Unidos y Reino Unido para asegurarse de frenar a las fuerzas rusas.

Las dos naciones seguían con su agenda para asegurar que la balanza del conflicto se fuera hacía su propio lado; Rusia desde entonces estaba a la espera de que cualquier pretexto funcionara como incentivo de ataque para la defensa de los ciudadanos de la región, principalmente ante la intromisión de algún otro Estado, hasta cierto punto puede decirse que contaba con la búsqueda de aliados de Ucrania, pero no esperaba que estos mismos aliados fueran los miembros de la OTAN. Por su lado Ucrania atraía la atención de Estados Unidos y Reino Unido para asegurarse de frenar a las fuerzas rusas.

Los esfuerzos rusos por impedir que esto último suceda son una reacción ante la amenaza de la cercanía de la OTAN a lo que antes era territorio de la URSS, y se han visto puestos en práctica tras declarar su negativa a cualquier anexión de sus vecinos geográficos con la Alianza Atlántica, al buscar un acuerdo con Estados Unidos que se encuentra en negociación.

Como respuesta, naciones como Suecia y Finlandia han manifestado su desacuerdo ante la posible prohibición de su unión a la Alianza, la OTAN asegura que pronto tendrá lugar una escala más fuerte del conflicto por lo que el presidente Biden amenaza con que "si se produce una invasión, Rusia pagará un alto precio" al tiempo que envía cargamentos pesados de armamento a Ucrania en su búsqueda de defender la soberanía nacional, a la que se le une Reino Unido con armas ligeras enviadas a territorio ucraniano.

Alarmaba el reciente reconocimiento ruso de la soberanía e independencia de las naciones del Donbás, a lo que se le añade que agencias de Inteligencia habían anunciado que Rusia inició un despliege de tropas desde comienzos de febrero, hecho que no había justificado de ninguna forma. Pero fue el jueves cuando un impactante anuncio del Kremlin dio luz verde al fuego abierto en la invasión contra Ucrania, cuando el presidente Putin anunció un ataque militar, anuncio al que le sucedieron bombardeos en diferentes zonas ucranianas, que causaron decenas de muertos entre los que se encontraban miembros del ejército y civiles ucranianos.

Los civiles han comenzado el desplazamiento hacia ciudades del oeste para salvaguardarse de lo que se cree, se convertirá en la toma de la capital y los edificios gubernamentales. Rusia ha declarado que únicamente busca la desmilitarización, sin embargo la magnitud de sus movimientos resultan alarmantes en el panorama internacional.

Los civiles han comenzado el desplazamiento hacia ciudades del oeste para salvaguardarse de lo que se cree, se convertirá en la toma de la capital y los edificios gubernamentales. Rusia ha declarado que únicamente busca la desmilitarización, sin embargo la magnitud de sus movimientos resultan alarmantes en el panorama internacional.

Aunque antes ya se especulaba con las sanciones hacia Rusia, se convirtieron en hechos tras el inminente ataque; la Unión Europea (UE) ha hecho un listado de los miembros de gobierno que se encuentran bajo acusación de diversos crímenes, mismos que tienen prohibido el acceso tanto al territorio de cualquiera de los 27 miembros de la UE, como a los activos económicos que puedan tener dentro de dichos territorios. Estados Unidos ha espejeado la misma acción y congela los activos en Estados Unidos, así como la prohibición de negociaciones con cualquier ciudadano estadounidense, así como cerrar el acceso al dólar.

Como medidas más estrictas e intensas, se produjo un bloqueo a dos bancos rusos que resultan claves en la economía nacional: el Banco de Desarrollo Ruso y el Banco Militar, además de cortar cualquier inversión no sólo estadounidense, sino, en palabras del mismo presidente Joe Biden:

"Hemos aislado al Gobierno de Rusia de las finanzas occidentales. Ya no puede obtener dinero de Occidente y tampoco puede negociar su nueva deuda en nuestros mercados ni en los europeos.”

Estados Unidos sigue urgiendo a las fuerzas rusas al diálogo y detención de sus esfuerzos militares ante la amenaza de una situación que saldría del control de Rusia, ya que EEUU continúa viendo por la protección ucraniana.


Bibliografía de consulta


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