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Que viene del mar

  • Eliot Jiménez
  • 27 nov 2020
  • 1 Min. de lectura



Con la mirada fija en el variable horizonte y como encantado por música de dulce voz y rumor constante de oleaje espeso que se eleva y desciende y se retrae me apresuro resuelto hacia la marina inclemencia y desafiante.


Como un bajel que con empeño buscaba una isla amada en el mar del centro del mundo o como una poeta que desanduvo el camino incierto y ahogose sin testigo otro que la memoria fugaz de hombres fugaces, así encauzo el esfuerzo último de mi amorosa voluntad hacia la marina masa donde en el fondo de los siglos se engendró de los seres la existencia.


Así es que suave y cálida espuma vertida en mis pies los oculta y las constelaciones cubre en el cielo oscura nubosidad y densa. Entonces, mar adentro y envuelto en oceánicas ondas castañas indecisa las toca mi mano y las cubro de besos salobres a mis dedos entrelazadas.


Conque casi extraviada la razón y arrastrado hacia la profundidad por violenta ternura de corriente marina mi cuerpo ligero descansa ahora sobre blanca arena cutánea y angelical y lloro apenas por mirarla.


No, la acometida no fracasó todavía cuando a la vez vuelven la vista y el sentido de haber sido expulsado hacia la orilla de azar y olvido: no: que otra vez de pie me apresuro resuelto hacia la marina inclemencia con la mirada fija en el variable horizonte y como encantado por música de dulce voz...

 
 
 

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