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Un periodismo decente

  • Orígenes Romero
  • 21 feb 2021
  • 4 Min. de lectura



México necesita un mejor periodismo. No queremos más voceros del poder, mucho menos periodistas corruptos y oportunistas. En tiempos de crisis como los que vivimos es menester ocuparnos de la epidemia de información. El periodismo se ha considerado desde el siglo XVIII como un “cuarto poder”. Hoy sabemos de la existencia de un “quinto poder”: el Internet.

Si nos apegáramos a la tradición francesa cada uno de los cinco poderes -a saber: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Prensa e Internet-, deberían funcionar por separado y en igualdad de circunstancias; la realidad dista mucho de ello pues, para fines prácticos, son varios los países donde todo gira alrededor de un mandatario que controla a su partido, legisladores y tiene a su disposición un órgano de prensa oficialista.

“Los cínicos no sirven para este oficio” fue la respuesta que le dio el periodista polaco Ryszard Kapuściński, a un joven que le preguntaba si había sido un cínico “como todos lo hemos sido alguna vez”. Esta frase se convirtió en el título de una serie de entrevistas y conferencias dadas por el célebre autor de La guerra del futbol, compiladas por la italiana María Nadotti. Este pequeño volumen de la Colección Compactos de la editorial Anagrama se ha convertido en un clásico “sobe el buen periodismo”, como lo indica el subtítulo de la obra.

Cuánta falta le hace la lectura de este libro a periodistas que no se informan sobre lo sucedido en otras latitudes o mejor dicho, deciden no informar veladamente para lograr notas o investigaciones amarillistas. Deberían leer las cátedras sobre historia política africana que Kapuściński impartía en cada entrevista.

El polaco cuenta una anécdota sobre el ejercicio del periodismo en la Unión Soviética:


“Cuando ocurría algún hecho importante, los equipos se reunían, se ponían a beber vodka o lo que fuera y acordaban no contar nada. Y si los acontecimientos no aparecían en la televisión, era como si nunca hubieran ocurrido. Esos buenos chicos decidían si la historia sucedía o no sucedía.”


Así de grave. Y a las pruebas nos podremos remitir. Si bien ya no es tan sencillo ocultar matanzas como lo fuera en 1968, aún hoy es posible generar encabezados irresponsables que criminalizan a posibles víctimas que son ofrecidas al juicio inapelable de la audiencia. “Iban armados hasta los dientes”, decía una nota de 2010 cuando fueron asesinados dos jóvenes estudiantes del Tec de Monterrey adentro de las instalaciones universitarias. La reivindicación llegó hasta el 2018, con el documental Hasta los dientes, pues la urgencia por sacar la primicia les ha impedido a muchos un cuestionamiento de los hechos, como dictaría cualquier manual de buena prensa.

“La televisión se erige como instancia moral”, dice Kapuściński. En México, gran parte de la prensa de los últimos dos años se ha abocado a dirigir la opinión pública hacia López Obrador, bien a favor o bien en su contra. Siempre han tenido ese poder los medios de comunicación, de cargar contra un presidente todo el aparato de la investigación periodística, manipular notas para beneficio de un partido o incluso dedicarse a defender a quienes están en el poder abiertamente.

¿Quién tiene derecho a imponer “verdades históricas”? ¿El gobierno? ¿La prensa? Ninguno. Es por ello que también existen iniciativas bienintencionadas de buscar la verdad. Y es que resulta inadmisible la irresponsabilidad en un actor social tan importante como el periodista. No deberíamos permitir cínicos en este oficio, es absolutamente imperdonable que el Cuarto Poder se entregue a la corrupción y a la mezquindad, pues, al decir de Kapuściński, no es siquiera necesario mentir, ya que la radio y la televisión pueden limitarse a “no decir la verdad.”

Ahora, ¿qué pasa cuando la prensa además miente? La irresponsabilidad del gobierno mexicano y Televisa en el caso Cassez-Vallarta es absolutamente ofensiva para nuestro país. Encontrar culpables es hoy imposible, por las fallas en el debido proceso judicial. Y todo gracias al actuar de periodistas que buscaban rating y funcionarios públicos ávidos de reconocimiento.

Hoy que las noticias se desvanecen en un par de días y que cada muerto se convierte en una cifra en cuestión de minutos, urge entender que “dentro de una gota hay un universo entero”. El periodismo jamás debería ser inhumano. Pero, por otro lado, nunca debería lucrar con la desgracia.

“Conocemos cada vez más la historia creada por los medios de comunicación y no la de verdad”, dijo Kapuściński, y resulta inevitable recordar las veces en que las noticias fueron meras ficciones televisivas. En medio de un doloroso caos por el sismo de 2017, en la Ciudad de México, la prensa decidió difundir el caso de Frida Sofía, una niña atrapada entre los escombros. Al final todo fue falso. Ante ello hay dos posibilidades: alguien quiso mentir o alguien no tuvo la precaución de verificar la información. Ambos serían pecados imborrables en la carrera de un periodista si este no se encontrase en México.

¿Y qué hay de la prensa servil al poder? El vendedor de silencio, de Enrique Serna, es un maravilloso ejemplo del mal periodista denunciado por Kapuściński que “ahorra cada dólar para construirse una casa cuando vuelva a su país”, pues, al leer al polaco se comprende la vileza que hay en la búsqueda de dinero a cambio de la verdad o incluso, siguiendo a Serna, de silencio.

Es posible callar para beneficiar o perjudicar al poder político y a la población. Así como hay muchísimas críticas sin fundamentos por parte de un sector de los medios, hoy tenemos a decenas de periodistas omitiendo cualquier clase de crítica al presidente, o peor aún, algunos youtubers, comunicadores y líderes de opinión afiliándose a tal o cual partido político según la tendencia que hayan seguido durante su -pseudo- ejercicio periodístico. “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos”, dice Kapuściński, gente de bien, congruente, no ávida de poder y dispuesta a la corrupción.

Aquellos que defienden un periodismo de abierta militancia política, amparados en la imposibilidad de la objetividad científica me dirían, citando al autor de Ébano, “el verdadero periodismo es intencional”. Pero yo objetaría que ese mismo ejercicio “intenta provocar algún tipo de cambio”. ¿Qué cambio es posible cuando unos defienden al presidente porque buscan hueso y otros lo atacan porque lo perdieron?

México se merece un mejor periodismo, sin negar que muchos son impecables en su integridad moral y su labor, ojalá hubiese más periodistas de los buenos.

 
 
 

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